El recibo loco de Jaime Bonilla

El corte de energía que la Comisión Federal de Electricidad le aplicó a la Comisión Estatal del Agua, por una deuda de 163 millones de pesos, es la consecuencia más reciente, quien sabe si la última, de las malas lecturas políticas del gobernador Jaime Bonilla.

Ese corte tiene un efecto político, antes que operativo. El secretario para el Manejo, Saneamiento y Protección del Agua, Salomón Faz, habló, ante los medios tijuanenses, de una reserva “que alcanza para seguir con el servicio de agua de 35 a un máximo de 40 días en la Zona Costa del estado”.

El nuevo gobierno estatal asumirá en 30 días. Es decir, será un corte cuyas consecuencias ante la opinión pública serán, todas, para Bonilla.

Otro dato elocuente: Los ‘recibos locos’ empezaron el 1 de agosto. En ese mes, la CFE solicitó un cobro de 20 millones de pesos; al siguiente, de 38 millones; y el último fue de 62 millones.

¿Es la venganza por el intento de municipalización del agua? Seguramente si, tomando en cuenta que dicha medida fue aprobada el 30 de julio por la anterior legislatura.

Pero más allá de esa última óptica, con ribetes de martirio, que, seguramente, habrá de ser la que “venda” el gobernador, dicho episodio forma parte de un rompecabezas más complejo.

Bonilla no es un mártir, sino un hombre que, en última instancia, está pagando las consecuencias de su estilo personal de gobernar y ser.

Y con esto no solamente me refiero a las formas, sino al fondo, que es mucho más importante y gravita mucho más que lo primero.

Primero: Bonilla ha sustentado su estilo político en la mentira de que el presidente es su amigo.

Y cualquier estrategia que se sostiene en una afirmación falsa, es un castillo de naipes.

A lo largo de los últimos tres años, el presidente López Obrador le ha demostrado, una y otra vez a Bonilla, que no es su amigo. Al menos no incondicional (Pero, ¿habrá algún político que sea amigo incondicional?)

De haberlo sido, López Obrador no lo hubiese enviado a ser candidato morenista para una gubernatura que, de antemano, se sabía que iba a durar solamente dos años. Aspirantes y perfiles para esa mini gubernatura sobraban, Baja California no es un epicentro político del cual dependiera la estabilidad federal, y el pésimo gobierno de Francisco Vega prácticamente aseguraba el triunfo de los guindas.

López Obrador le pudo decir a Bonilla “espérate, y en dos años vas por la de seis”. Si no lo hizo, es porque no quiso.

El propio Bonilla ha dicho que López Obrador le pidió ser candidato en 2019, ante su petición de esperar a 2021.

Si López Obrador encandiló a Bonilla con la idea de que, una vez de gobernador, le ayudaría a extender su mandato a cinco años, pues Jaime, evidentemente, es un cándido que, además, fue pésimamente mal asesorado en términos jurídicos, pues cualquier constitucionalista solvente (Daniel Solorio, por ejemplo), le hubiese dicho que era imposible que eso prosperara.

Pero ya hecha y aprobada la ‘Ley Bonilla’, si el presidente hubiese querido, igual prosperaba en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Claro, hubiese tenido un costo político y, quizás, de imagen, pero, en plena pandemia, con la población ocupada en sobrevivir y la aprobación que tenía el presidente, había margen.

Y si no prosperó, si los ministros la rechazaron por unanimidad, es porque el presidente así lo quiso.

En México, el presidente es un ser casi omnipotente.

Bonilla, confiado en esa mentira de su “amistad” con el presidente, no vio, o no quiso ver, la realidad: López Obrador es un político que, con el paso del tiempo, adquirió más pericia o podredumbre, según cada cual lo quiera ver, para sobrevivir y prevalecer, particularmente, tras el fraude de 2006, donde, evidentemente, si le robaron la presidencia de México.

Hoy por hoy, López Obrador es una hiena, que puede sonreír y matar a la vez.

El financiamiento que Bonilla le dio a Morena, amplificó, sin duda, al partido lopezobradorista, en el noroeste de México. Es decir, la colaboración de Bonilla, que tampoco fue desinteresada, fue vital para el morenismo, como lo muestran los contundentes triunfos guindas de 2019 y 2021, particularmente este último, acontecido mientras, en lugares como Veracruz y Puebla, donde también gobierna, ya está minando.

Pero esa ayuda no fue tan importante como la que Marcelo Ebrard le dio al presidente, con sus contactos estadounidenses del Partido Demócrata, para hacerlo aceptable y viable como proyecto político para México, en un momento donde las huestes azules del vecino país ardían en deseos de venganza, por la traición de Enrique Peña Nieto y Luis Videgaray, en 2016, cuando apoyaron a Donald Trump. Apoyo que al “PRIAN” le costó salir del poder y su posterior paseo en el desierto.

Y Marcelo no está solo, tiene un proyecto político, de cara a 2024, del cual forma parte la gobernadora electa.

Y si Marcelo y López Obrador tomaron la decisión, en 2018, de que ella gobernara de 2021 a 2027, como parte de los acuerdos que sustentaron su reconciliación y alianza, pues así iba a ser, lo quisiera o no Bonilla. Ese acuerdo estaba por encima de él. Además de asesores jurídicos solventes, Jaime también carecía, evidentemente, de información política de primer nivel, crucial para tomar decisiones.

Y a López Obrador le interesa cumplirle todas sus promesas a Marcelo, porque él será quien, dentro de tres años, ocupe su lugar. Y el presidente no se va a pelear con quien le va a cubrir las espaldas cuando se vaya. Hay que aprender de otros. Carlos Salinas se peleó con el sucesor y su hermano Raúl acabó preso.

A Bonilla, quizás, se le hace divertido ponerle piedritas en el camino a la gobernadora electa, pero, viendo el panorama completo, ¿qué está haciendo en realidad? ¡Exacto! ¡Ponerle piedritas en el camino a la sucesión tranquila y pacífica del presidente! O, dicho en los términos del mandatario, está perturbando la paz de su retiro en ‘La Chingada’.

¿Alguien lo duda? Si el Ejército acabó resguardando el retorno de Arturo González Cruz, es porque el presidente así lo ordenó ¿A poco hay quien crea que el Ejército hace algo sin que el mandatario lo instruya?

Si la CFE le cortó la energía a la CEA, es porque López Obrador así lo pidió ¿Quién es el director de la CFE? Manuel Bartlett, al cual el presidente ha defendido en sus conferencias de prensa ¿Ustedes creen que Bartlett iba a tomar una decisión así a espaldas del jefe?

Es decir, aquí se combinan dos factores: la inexistente amistad con López Obrador y la falta de visión política.

Por otra parte, Bonilla le ha puesto un “poco” difícil a López Obrador eso de ser su amigo.

¿Qué hubiese pasado si prosperaba la ‘Ley Bonilla’? Pues que la opinión pública nacional hubiese dicho que era un experimento para intentar la reelección de López Obrador, como lo dijo, después, de la ‘Ley Zaldívar’, que intentaba ampliar el mandato del presidente del máximo tribunal del país.

Las comparaciones son odiosas. Veamos el caso de Adán Augusto López Hernández, ex gobernador de Tabasco y ahora secretario de Gobernación. En tres años, no le dio ningún lío, ninguna ‘papa caliente’ al presidente. Eso más allá de que, evidentemente, López Hernández si es amigo de López Obrador, como que lo hizo gobernador por un sexenio y, a la mitad, se lo llevó a su gabinete.

Ahora bien, entendido el fondo, hay que decir que, precisamente, las formas también contribuyeron a la situación presente de Bonilla.

Bonilla no es el primer gobernante de estilo frontal y rocoso. Hugo Chávez fue igual y prevaleció hasta su muerte. Entonces, per se, las formas no son el tema.

El asunto es que, para ser, dirían aquí, “echado para adelante”, se necesita tener una sustentación atrás.

En solamente dos años, Bonilla se hizo de enemigos por las cuatro esquinas, como si, efectivamente, fuese a gobernar seis.

Esos enemigos se han alineado con quienes prometen extinguir hasta la última pavesa de su gestión.

Es una ecuación de sobrevivencia: si alguien te pisa la mano, pues vas con quien tenga un zapato más grande para devolverle el pisotón.

Nadie, en su sano juicio, puede oponerse a que las empresas paguen toda el agua que, durante años, los panistas les regalaron, a cambio de que, en tiempo de campañas, pusieran su dinero en la charola.

Nadie, en su sano juicio, puede criticar que a plataformas multimillonarias, como Uber o Didi, se les haga pagar impuestos locales, cuando obtienen pingües ganancias…

Pero, cuando un gobernante se va a lanzar contra el poder económico, necesita tener a otro poder de su lado, como puede ser el mediático, para contrarrestar su ofensiva.

Sin embargo, desde el día uno de su gestión, Bonilla se peleó con buena parte de la corte mediática. Argumenta que fue porque no quiso darles dinero, lo cual puede ser, pero esa razón cae por los suelos al verse que, por otro lado, le dio enormes cantidades, millonarias, a un puñado de medios. Si deseaba quedarse fuera del perverso juego del ‘chayote’, como en su momento lo hizo ‘El Bronco’, ¿por qué entonces con unos si le entró?

Y aquí viene un punto importante en las formas y los conflictos que tuvo Bonilla: nunca se arrepentirá lo suficiente de haber nombrado, como secretario general de Gobierno, al cuestionable Amador Rodríguez Lozano.

Se lo hayan recomendado los Leyva o no, Amador era un suicidio en abonos. Ya tenía historia. En su andar por Chiapas, elaboró normas jurídicas inviables, como la ‘Ley Sabines’, que, en 2009, pretendía cancelar la elección de presidentes municipales y a la cual, como a la ‘Ley Bonilla’, se le declaró inconstitucional.

Amador también ahuyentó del gabinete a personas más valiosas, talentosas, visionarias y leales que él.

El famoso escándalo de los ‘moches’, del cual fue protagonista, fue un terrible daño autoinfligido cuando el mandato bonillista estaba en el minuto 1. Eso debió bastar para su salida del gabinete, pero Bonilla no quiso extirpar el tumor y, por lógica, se extendió por todas partes y causó más heridas.

¿Bonilla habría gobernado cinco años de haber tenido un secretario general de Gobierno más culto, proclive al diálogo, jurídicamente serio y con mayor talento político? ¿O hubiese podido dejar como sucesor al ensenadense Armando Ayala? No. Eso no estaba en sus manos, pero, quizás, un ministro del interior como ese si habría podido negociar y llegar a pactos con Marcelo Ebrard y su grupo. Tal vez, hasta a la “soñada” municipalización del agua. En política, como en las empresas, nada es innegociable, porque la política, a fin de cuentas, son negocios.

La carencia de una estrategia política seria, queda exhibida en un punto: buscando aliados, Bonilla se metió en el callejón oscuro y se alió con los pájaros de cuenta de la colonia. Eso llevó a fallidos montajes, como su aparente rivalidad con Jorge Hank, que incluyó el decomiso de unas cuantas tragamonedas, auténtico pelo para el gato que es Grupo Caliente. Sin embargo, la falacia se mostraba en situaciones como la candidatura de Blanca Estela Favela por el PES, o la exhibida entrega de despensas que el gobierno municipal de Lupita Mora hizo en favor de ese partido ¿En serio Favela y Mora actuaron por ellas mismas? Y Hank, alacrán como es, al final del día, se arrimó al sol que más calienta.

Caso aparte es lo de Juan Manuel Molina. Sus quejas sobre él son, a la vez, un fallido acto de contrición y una muestra palpable de ingenuidad ¿Qué esperaba de un tránsfuga que lleva tres partidos en su haber? ¿Lealtad a toda prueba?

Yo dudo que Bonilla vaya a recibir un gran cargo en el gabinete federal. De hecho, pienso que podría no obtener ninguno, en virtud de que, como ya dijimos, al usar la resortera contra la gobernadora electa, en realidad, ha enfilado contra el presidente y su futuro. Probablemente, vuelva al Senado y ahí siga hasta 2024. Resulta esperable que, desde la Cámara Alta, quiera pilotear los gobiernos de Montserrat Caballero, Darío Benítez y Armando Ayala. Dudo que Montserrat se deje, porque, para poder volar, como desea, es requisito indispensable arrancarse el cordón umbilical. Darío y Armando, probablemente, si le obedezcan, aunque parcialmente, hasta donde no se inmolen.

Mayor probabilidad hay de que acabe en el típico exilio diplomático, sobre todo si se tienen en cuenta los antecedentes de Fernando Castro Trenti y el ahora finado Xicoténcatl Leyva, quienes, al ser factores que podían desestabilizar a los gobiernos que, en su momento, llegarían al poder, fueron enviados lejos no solamente del estado, sino del país.

Bonilla olvidó que un político nunca es importante por sí mismo, sino en la medida del poder que tiene, sea este indirecto (que emane de alguien más) o propio, lo que es mejor, más no indispensable. Le pasó como a cierto presidente municipal de Mexicali a quien, en su día, una empresa cervecera, le enviaba, cada semana, a su oficina, una caja de sus bebidas. Al salir del cargo y ver que el envío ya no arribaba a su casa, llamó a la cervecera, reclamando la falta de este. La secretaria de turno, lacónica, respondió: “Disculpe, pero la caja de esta semana ya fue enviada a la oficina del presidente municipal”.

P.D.: Si algo nos pasa, es para callarnos

Comentarios: gerardofm2020@gmail.com

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