Las tres violaciones de Mitzy

Por: Isabel Mercado
A Mitzy le congelaron su infancia cuando tenía menos de 10 años. De pronto jugar a las
muñecas ya no solo era “jugar a las muñecas”; era la forma en la que externaba cómo la
tocaban sin su consentimiento. Mitzy fue víctima una y otra y otra vez, de dos agresores
diferentes que la autoridad jamás castigó.

En la memoria de Mitzy fue al cumplir seis años de edad cuando inició el abuso por parte de
su tío materno de 55 años de edad. Fue entre las cobijas colocadas en el frío piso de aquella
casa abandonada, carente de puertas y ventanas, con paredes sucias delineadas por grafitis
y un techo que diariamente amenazaba con colapsar, donde Mitzy fue abusada
sexualmente.
La madre de Mitzi salía muy temprano de casa a ganarse el sustento vendiendo dulces en
los cruceros viales de Tijuana y su hermano mayor se ofreció a cuidar de su hija. Con juegos
y dulces su tío comenzó a abusar de ella. La engañaba diciendo que eran muestras de cariño
normales.
La hacía sentir amada y especial, Mitzy era solo una niña que asumió como natural el
comportamiento de su tío. El hombre que estaba ahí, representando una figura paterna en
su vida le había dicho que así era como las personas adultas demostraban el cariño.
Alma Tucker, directora y fundadora de la Red Binacional de Corazones, expone que en la
mayoría de los casos la violencia sexual es normalizada por las víctimas, principalmente si
son menores de edad y el victimario es una persona del entorno familiar o alguien en quien
confían y ejerce alguna autoridad sobre ellos. “Los agresores les controlan por medio del
amor y la amenaza”.
Mitzi, actualmente de 15 años de edad, rememora que antes de la violación jugaba con sus
muñecas, a las que trataba como si fueran bebés, con la inocencia propia de los niños;
después de la violación comenzó a replicar en sus muñecos los juegos de su tío y notó que
no le agradó. Ese no era un juego divertido.
Mitzi creció retraída en sí misma, algo dentro de ella le decía que lo que su tío hacía con su
cuerpo no estaba bien. La sensación de asco, culpa y vergüenza le advertía que no era
normal esa muestra de cariño.
No recuerda la edad que tenía, seguramente aún menos de diez años, cuando comentó a su
tío la intención de revelar el secreto que compartían y que había callado con naturalidad,
pero conforme creció la necesidad de liberarse de él creció.
El silencio de una inocente
El tío pasó del juego a la violencia sicológica. Frente a su hermana no perdía oportunidad
para calificar a Mitzi como una niña mentirosa. A solas se imponía ante su víctima
advirtiéndole que no valía nada y nadie le creería si se atrevía a comentar el secreto que
compartían. “Nunca amenazó con golpearme ni nada de eso, pero me humillaba y me
sometía. Él sabía que mi mamá no me creería”.

Cuando Mitzy tenía 10 años su mamá rentó una casa, cerca de la que habían vivido y casi en
las mismas condiciones de precariedad que la anterior. El cambio de vivienda no cesó el
abuso sexual de su tío, quien continuó con la misma rutina de ir a cuidarla casi a diario.
Mitzi tenía 12 años cuando su tío se mudó a vivir con ella y su madre. Entonces el abuso se
hizo tan frecuente como tantas veces su mamá se ausentaba de casa. Y su mamá salía todos
los días a vender sus dulces.
Resignada a seguir sometida a la constante violación de su tío, no se atrevió a contarle a
nadie del abuso, ni a su mejor amiga, lo consideraba un secreto sucio que la hacía sentir
culpable. “Era algo que me avergonzaba mucho”.
El abuso sexual de su tío lo frenó hasta cumplir 14 años, cuando se atrevió a defenderse del
pederasta. “Cuando yo estaba chiquita decía que jugábamos, yo no pensaba que era un
abuso, hasta que ya crecí y me di cuenta de que no estaba bien lo que él hacía con mi
cuerpo”.
Como pudo, Mitzi comenzó a evadir la agresión sexual. Buscaba quedarse el menos tiempo
posible a solas con su tío para evitar el ataque.
Golpe de realidad
Ya en la secundaria fue a través de la clase de formación Cívica y Ética cuando Mitzy tomó
conciencia de que era abusada sexualmente. El maestro de la clase habló a sus alumnos
sobre sus derechos, del valor de su intimidad y cómo deben protegerla. Entonces Mitzy
entró en shock al comprender que desde los seis años había sido víctima de abuso sexual de
parte de su tío.
Al llegar a su casa se armó de valor y denunció a su madre el abuso del que era objeto.
Mientras su madre cocinaba le contó sobre la clase y le confesó que desde chiquita la
habían estado abusando, pero no señaló al tío.
La mamá a gritos le preguntó quién fue el agresor. Mitzy se atemorizó y dudó en revelar la
identidad de su violador, temía que su mamá se alterara más. Tras el asesinato del padre de
Mitzy, su mamá quedó sola y embarazada a los 22 años de edad, por lo que fue obligada por
su familia a casarse con un hombre, de quien enviudó cinco años después. Su mamá nunca
fue a la escuela y había crecido en un hogar disfuncional, sin palabras ni muestras de cariño.
Después de una hora, Mitzy se atrevió a decirle a su mamá que fue su tío quien la abusó.
“Fue mi tío, tu hermano”, le espetó de golpe.
La sentencia de su tío se cumplió, su madre no le creyó. La consideró una mentirosa y a
gritos se lo hizo saber. “Estás loca, esa escuela te está metiendo ideas en la cabeza”, le dijo.
Al recordar este episodio, las lágrimas brotan de los ojos cafés de Mitzy, quien llora
desconsolada.
“¿Cómo que no me puedes creer? Si tú eres mi mamá, tú estás para protegerme”, Mitzy le
recriminó a su madre y se encerró en su cuarto. Esa noche no durmió.
“Me tragué mi coraje y lloré amargamente toda la noche, odié a mi mamá por no creerme,
quería salir corriendo de esa casa, alejarme de mi mamá, de mi tío, pero también entendí
que no tenía para dónde hacerme. Sin tener a dónde ir, me quedé ahí llorando. Al otro día

me levanté sin ánimos de hacer nada. No podía dejar de pensar cómo siendo mi mamá no
me podía creer”.
Violación al descubierto
Aunque su mamá no le creyó, ni reclamó nada, su tío ya no volvió a su casa estando Mitzi
sola, pero sí la hostigaba por teléfono o por redes sociales. A través de textos le pedía volver
a tener relaciones sexuales y, al no tener respuesta, le enviaba mensajes más agresivos, la
señaló de prostituta y le ofrecía 500 pesos a cambio de acostarse con él. Mitzi continuaba
sin responder, entonces la amenazaba con decirle a su hermana que su sobrina se le insinúa
y que era ella quien lo molestaba. Le asegura que a quien le va a creer es a él.
Sin embargo, su madre descubrió los mensajes y confirmó que su hija no mentía. Ella
confrontó a su hermano y lo corrió de su casa. El depredador sexual huyó inmediatamente
hacia Estados Unidos, concluyendo así con ocho años de abuso sexual en contra de su
sobrina.
La madre denunció a su hermano por violación equiparada en contra de su hija, un proceso
lento durante el cual Mitzy ha acudido a comparecer en tres ocasiones, pero no observa
avance alguno.
Baja California y el limbo del abuso infantil
Mitzy es una de las 12 mil 675 víctimas de violencia sexual registradas de 2013 a 2022 en
Baja California, entidad que se ubica en el cuarto lugar a nivel nacional por número de
menores de edad abusados sexualmente.
Durante ese periodo se tiene registro de 3 mil 042 casos de violación equiparada, de los
cuales el 70.8% tuvieron como víctimas a menores de edad. En 2022, año en el que se
interpuso la denuncia del caso de Mitzi se contabilizaron 284 violaciones de este tipo, la
segunda cifra más alta de la última década, apenas debajo de los 307 abusos así tipificados
en 2021.
Y aunque físicamente se liberó del tío y del abuso al que la sometía, Mitzy cayó en una
profunda depresión. No quería comer ni levantarse. Pero su única salida del infierno de su
entorno era la escuela y compartir con sus amigas, por lo que continuó yendo a clases.
Fue un periodo lleno de pesadez, en el que sentía fracturada la relación con su mamá por no
haber creído en sus palabras desde un principio.
Víctima de dos depredadores
“Mi tío no fue el único que abusó sexualmente de mí, pero fue el que más dañó mi vida”,
confesó Mitzy, de 15 años de edad y con un hijo de cinco meses, producto de otra violación.
Sí, la misma niña fue violada por dos depredadores diferentes.
Habían pasado dos meses desde la partida de su tío, tiempo insuficiente para olvidar el
ultraje del que había sido víctima por más de la mitad de su vida. Su mamá la persuadió para
regresar a clases, pero los maestros le explicaron que para recuperar puntos y salvar el
semestre se tenía que quedar a realizar aseo en el salón.

Mitzy estudiaba en una secundaria que se ubica en un cerro del ejido Lázaro Cárdenas, un
barrió de Tijuana sin alumbrado público y con calles sin pavimentar. Una zona sin vigilancia
en donde las patrullas no entran a las calles de terracería y los pandilleros entran y salen de
la escuela para molestar a los estudiantes, sin que nadie los detenga.
Una tarde de junio de 2022, Mitzy se enfiló hacia su casa por un callejón flanqueado por un
barranco y unas vías de tren. Ese día se había quedado al final de clases para cumplir con el
aseo.
La noche estaba a punto de caer, lo que atemorizó a Mitzi, quien apresuró el paso. Su mamá
no tardaría en llegar a casa y si no la encontraba ahí la golpearía. De pronto un carro de
color rojo le cerró el paso y descendió de él un hombre alto. La jaló del brazo izquierdo y la
arrinconó contra el automóvil. El desconocido le subió la falda y abusó sexualmente de ella.
El violador con una mano sometía a la adolescente de 1.55 metros de estatura y con la otra
le tapaba el rostro. Mitzy nunca pudo verle la cara al violador.
“Yo solo trataba de quitármelo de encima, pero él apretó mi cuello, casi me mata”.
Mitzi se desmayó y cayó al suelo. Aturdida volvió en sí cuando de pronto su agresor le
asestó un duro golpe en el estómago que la dejó retorciéndose por un rato en el suelo,
mientras el violador huía. Con mucho esfuerzo se levantó para alejarse de aquel paraje
solitario. En cuanto llegó a su casa se metió a bañar.
“Yo solo quería quitarme el dolor y lo asquerosa que me sentía”.
Su mamá, que había salido a buscarla, cuando volvió y la encontró en casa le dio un cálido
abrazo, algo inusual en ella. Mitzi no pudo contarle de la violación. Trató de olvidar el
ataque, pero pasaron días, su menstruación se retrasó y un malestar estomacal
acompañado de náuseas la invadieron.
Los medicamentos no calmaron el malestar, por lo que tuvo que ir al doctor y ahí descubrió
que estaba embarazada. Ella no quería tener al bebé, quería abortar. “Inmediatamente
supe que era del hombre desconocido que me había violado, pero me daba mucho miedo
decirle lo sucedido a mi mamá, así que inventé una historia, que al principio me creyó”.
Mitzi atribuyó su embarazo a un exnovio irreal que no se quería hacer responsable y había
desaparecido de su vida.
“Pero cuando pasaron los días empecé a ver que mi mamá cambiaba y me cuidaba;
entonces me animé a confesarle que me habían violado”. Sin nombre ni un rostro a quien
señalar, solo le queda denunciar la agresión de un completo desconocido.
Amenazada por el sistema de justicia, el otro abuso
Con 15 años de edad y un bebé producto la violación del segundo hombre que la trasgredió
sexualmente, Mitzi suma una tercera violación: la del sistema de justicia que la amenazó
con arrebatarle a su hijo si no accedía a cambiar su declaración de la denuncia por violación
equiparada que presentó.
La adolescente siempre ha tenido claro que su embarazo fue producto de la violación del
hombre desconocido. Y aunque así lo declaró, en la denuncia se asentó que el padre de su
hijo es su tío.

Aunque consta en expediente que la menor de edad fue víctima de la violación de dos
hombres diferentes, no se ha abierto una carpeta de investigación en contra del hombre
desconocido. Las autoridades tampoco han hecho pruebas de ADN para intentar revelar la
identidad del desconocido. Por el contrario, han alentado la investigación al cambiar el
testimonio de Mitzy.
“Las autoridades confunden mi testimonio y ponen palabras que yo nunca dije”.
Lejos de reconocer su omisión y corregirlo, en la Fiscalía la amenazaron con quitarle a su hijo
si no refrendaba el erróneo contenido de la denuncia.
“Ellos me amenazaron que podían quitarme a Tomás si yo no colaboraba con lo que ellos
estaban diciendo”.
Para Alma Tucker, directora y fundadora de Red Binacional de Corazones, afirmó que la falta
de sensibilidad de las autoridades del sistema de justicia y el rezago en la judicialización de
los casos denunciados son los principales problemas a los que se enfrentan las víctimas de
violencia sexual que deciden acusar a sus agresores. La judicialización de los casos
difícilmente llega al 10%.
“Y un victimario sin sentencia se traduce en víctimas viviendo con temor”.
La zozobra invadió a Mitzy ante la posibilidad de perder a su hijo, pero esta vez no estaba
sola, tenía el acompañamiento del personal de Red Binacional de Corazones, al cual la joven
madre había sido canalizada después de tener a su hijo. El personal la tranquilizó y los
abogados de la organización intervinieron.
Para la siguiente sesión recibió un trato diferente y la Fiscalía actualmente se ocupa de
corregir la versión falsa inscrita en la denuncia.
Sanando heridas en la Casa del Jardín
Con Tomás en brazos, Mitzi llegó a la Casa del Jardín a la semana de haber dado a luz. De DIF
la llevaron al albergue de Red de Corazones, organización especializada en la atención de
víctimas de trata, que cuenta con personal especializado para atender casos de violación
sexual.
Al principio Mitzi se mostró reticente al buen trato que ahí le proporcionaban.
“Yo pensaba que no me merecía todo esto, me sentía asustada, porque nunca nadie me
había tratado bien, ni nadie se había preocupado por mí. Pensaba que me iban a cobrar por
todo lo que me estaban ayudando y no sabía de la manera que lo iban a hacer. Después
entendí que eran personas buenas que solo querían que mi bebé y yo estuviéramos bien”.
Mitzi comienza a albergar sueños. A la par que cuida a su hijo, recibe clases para terminar la
secundaria. A sus 15 años por fin puede pensar en lo que quiere para su vida en corto plazo
y eso es acabar después la preparatoria y poder estudiar diseño de modas más adelante.
Después de más de cuatro meses habitando la Casa del Jardín, Mitzy ya no clava su mirada
en el suelo. Su mirada está levantada, su andar es seguro y su cuerpo ya no se encorva.
Tiene 15 años, un hijo, la certeza de que tiene una vida por delante y que no está sola. Con
una red de apoyo a su lado, ahora se siente realmente protegida.
Repunte en violencia sexual tras la pandemia

Para la directora de la Red Binacional de Corazones, Alma Tucker, es preocupante el
incremento en los casos de violencia sexual en Baja California, sobre todo contra menores
de edad, aún cuando no hay estadísticas confiables, porque las autoridades no invierten en
estudios para tener cifras reales. Quizá por ello la Fiscalía General del Estado ha dejado de
compartir el número de víctimas menores de edad.
La activista dijo que Tijuana, por su ubicación fronteriza y vecina de una de las ciudades con
mayor capacidad económica como lo es San Diego, California, atrae mucho el turismo
sexual.
“El problema de la trata de personas es muy común en ciudades grandes. Tijuana es una de
ellas, y pone en una situación muy vulnerable a los niños, niñas y a las mujeres”.
Violación: un crimen impune
En México solo el 8.6% de los delitos sexuales logran resolverse. Mexicanos Contra la
Corrupción y la Impunidad analizó los crímenes de carácter sexual que han ocurrido en los
últimos diez años y detectó que, de las 329 mil víctimas, sólo 28 mil han conseguido una
sentencia condenatoria, lo que significa que el 91% permanece en la sombra de la
impunidad.
El menosprecio a las víctimas de delitos de índole sexual se ha instalado como una conducta
habitual de las autoridades de justicia, lo cual ha derivado en un elevado índice de
impunidad, como lo revela esta nueva investigación periodística realizada por Mexicanos
Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI). En la última década, apenas en 9 de cada 100
casos se ha condenado a los depredadores sexuales.
de enero de 2012 a diciembre de 2022 se han registrado oficialmente cerca de 329 mil
delitos sexuales en México, pero sólo 28 mil de ellos han conseguido una sentencia
condenatoria en firme, lo que significa que en México solo el 8.65% de los delitos sexuales
logran resolverse.
Del total de víctimas de delitos sexuales, al menos 145 mil corresponden a violación.
La cadena de impunidad
MCCI envió mil 488 solicitudes de Acceso a la Información a cada Fiscalía del País,
solicitando las cifras oficiales de los delitos de carácter sexual, como abuso sexual, violación,
violación equiparada, violación impropia, estupro, incesto y pederastia y encontró que en
los últimos diez años, en México se han registrado oficialmente 328 mil 931 víctimas de
delitos sexuales, pero las autoridades solo han iniciado 239 mil 251 carpetas de
investigación.
En los procesos de investigación fueron detenidos más de 98 mil sospechosos, pero
solamente se logró dictar sentencia condenatoria en 28 mil 455 casos, mientras que se
registraron tres mil 586 absoluciones.
Para el delito de estupro, que es cuando un adulto tiene relaciones sexuales con un menor
de edad, valiéndose del engaño o de la superioridad, el porcentaje de casos que han logrado

cerrarse con una sentencia condenatoria irrevocable ha sido apenas del 1.73% en los
últimos diez años. Es decir, al menos 98 de cada 100 agresores quedaron impunes.
En el mismo periodo se obtuvo sentencia condenatoria irrevocable de 11% en los delitos de
violación, violación equiparada y violación impropia.
Entre 2012 y 2022 se dictaron en el país 16 mil condenas por violaciones, 11 mil 542 por el
delito de abuso sexual, 308 por atentados contra el pudor, 223 por pederastia, 202 por
estupro y apenas 20 por incesto.
De las 328 mil 931 víctimas de delitos sexuales que oficialmente se registraron en diez años,
el 91% permanece en la sombra de la impunidad.
Esta investigación periodística también reveló que el 36% de todas las víctimas de delitos
sexuales a nivel nacional son menores de edad.
Desde 2012, en México hay al menos 109 mil 383 niños, niñas y adolescentes que han
sufrido violencia sexual, según solicitudes de información que el equipo de Mexicanos
Contra la Corrupción y la Impunidad (MCCI) envió a las 32 fiscalías estatales del país. Es
decir, los menores de edad representan más de una tercera parte de todas las víctimas de
delitos sexuales a nivel nacional.
Estos datos no incluyen la cifra negra de delitos sexuales contra menores, ya que el
subregistro es uno de los mayores retos en las estimaciones sobre violencia sexual, de
acuerdo con el informe “Ocultos a plena luz: un análisis estadístico de la violencia contra los
niños” de UNICEF. El informe de 2014 revela que entre 30 y 80% de las víctimas no hablan
sobre su abuso hasta llegar a la adultez y muchos otros permanecen en silencio toda su vida.
En un país en el que el 90% de las agresiones sexuales contra menores ocurren en el hogar,
según datos de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico​ (OCDE), no es
difícil entender por qué muchos niños, niñas y adolescentes deciden permanecer en
silencio.
Aún más, de 2015 a 2020 aumentó un 76% el número de casos por lesiones por violencia
sexual contra menores de 5 años, revela la Estrategia para la Prevención de la Explotación
Sexual Comercial de Niñas, Niños y Adolescentes (ESCNNA), creada en 2022, de acuerdo con
datos proporcionados por la Secretaría de Salud.
En México, solamente diez estados tipifican la pederastía en sus códigos penales, pero todas
las entidades reportan víctimas menores de edad de violencia sexual.
la mayoría de los estados del país tipifican la pederastia de forma diferente. Hay más de 16
tipos distintos de agresiones sexuales en los códigos penales de las entidades del país, por lo
que el criterio de cómo se tipifican los abusos sexuales contra menores de edad depende de
las fiscalías estatales y de los jueces que llevan cada caso.
Por ejemplo, en Aguascalientes la violación de una niña de tres años puede ser tipificada
como “atentados al pudor”, una figura que engloba delitos que van desde tocamientos
hasta penetración.
Aún más, la CDMX, Chihuahua y Nuevo León son los tres estados que acumulan el mayor
número de víctimas menores de edad en los últimos diez años. En Sinaloa, el 95% de todas
las víctimas de abuso sexual, estupro y violación equiparada son menores de edad. En

Morelos y Oaxaca todas las víctimas de incesto son niños y niñas. En Michoacán más de la
mitad de todas las víctimas de violación son menores de edad.
El pasado 18 de octubre la Cámara de Diputados aprobó una reforma al Código Penal
Federal que establece que los delitos de pornografía infantil, turismo sexual, pederastia,
lenocinio y corrupción a menores no tendrán fecha de prescripción. A pesar de que esta
reforma promete justicia en papel, la realidad es que no tendrá impacto en los delitos
estatales mientras estos no homologuen la tipificación de crímenes contra menores de
edad.
Cada vez más desprotegidos
La Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, publicada en 2014, tiene el
objetivo de proteger los derechos de las infancias mexicanas. Para garantizar estos
derechos, la ley creó el Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes
(SIPINNA), que estuvo a punto de desaparecer por la propuesta presidencial de inicios de
este año.
También a inicios de este año tres casos de violencia sexual infantil conmocionaron a
México. Una niña fue abusada sexualmente por uno de sus compañeros de clase en
Tamaulipas, un niño fue agredido sexualmente por cuatro compañeros de sexto grado en
una primaria de Ecatepec y un niño de Nuevo León fue víctima de abuso sexual en un salón
de fiestas.
A pesar de que el problema de los reportes de abuso sexual infantil ha aumentado, el
SIPINNA recibe cada vez menos presupuesto para proteger a las infancias.
Para 2024 se estima que el SIPINNA reciba un presupuesto de 966.1 mil millones de pesos,
cifra que fue menor al porcentaje asignado en 2023 (10.84%) y considerablemente inferior
al porcentaje observado en 2015 (15.04%), según datos de Redim una ONG que lucha por
los derechos de la infancia mexicana.
El Poder Judicial castiga pornografía infantil con un regaño
Una muestra de la impunidad en torno a los delitos sexuales es que el propio Poder Judicial
de la Federación (PJF) ha aplicado sanciones mínimas a agresores.
En una revisión a la Cuenta Pública de 2018, la Auditoría Superior de la Federación (ASF)
detectó que un caso de posesión de pornografía infantil en el PJF había sido sancionado con
una “amonestación”, que equivale a un regaño al funcionario involucrado. Lo anterior, a
pesar de que el Código Penal de la Federación contempla un castigo de hasta doce años de
prisión para ese delito.
Dentro de su revisión, la ASF detectó que, en los asuntos ingresados por procedimientos
disciplinarios de oficio, y que se marcan como “resueltos por la Comisión de Disciplina 2013-
2018”, en la sección de “profesionalismo” existían tres denuncias relacionadas con delitos
de carácter sexual.
Los documentos obtenidos para esta investigación revelaron que entre los trabajadores del
Consejo de la Judicatura Federal que han sido señalados de cometer delitos o actitudes de
carácter sexual está un secretario de juzgado, acusado de posesión de pornografía infantil, y

otra más por “actos posiblemente constitutivos de acoso sexual”. Ambas solo derivaron en
una amonestación pública como sanción.
Una denuncia por acoso sexual y laboral en el Poder Judicial derivó en la inhabilitación para
desempeñar cargos, comisiones o empleos en el servicio público, por 10 años.
Las sanciones aplicadas a los funcionarios involucrados en delitos sexuales fueron sólo de
carácter administrativo, pues el PJF no presentó las denuncias ante el Ministerio Público
Federal.
“En tres casos, con acciones disciplinarias de oficio a servidores públicos que hicieron uso de
recursos para fines distintos para los que fueron asignados y con la posesión de archivos de
fotografías y videos con contenido sexual infantil y con el hostigamiento sexual, en las que,
con la relación proporcionada, se identificó́ que únicamente emitieron sanciones
administrativas mediante amonestaciones públicas o inhabilitaciones”, describe la
Auditoría.
Los casos ventilados por la ASF se quedaron cortos con una revelación que hizo en
septiembre de 2021 el entonces Ministro Presidente de la Suprema Corte de Justicia de la
Nación, Arturo Zaldívar, en el sentido de que existían más de 50 investigaciones abiertas
contra personal del Poder Judicial de la Federación, entre ellas algunas que correspondían a
jueces que violaron a trabajadoras.
“Hay dos casos de juzgadores federales donde prácticamente tenían años violando
trabajadoras en el Poder Judicial y nadie hacía nada”.
Créditos:
Texto principal: Valeria Durán y Ami Sosa
Historias Baja California: Isabel Mercado
Procesamiento de datos: Ami Sosa, Santiago Ayala y Valeria Durán
Edición de textos: Valeria Durán y Raúl Olmos

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