La estructura criminal

El nuevo fiscal central de Baja California dice que en el pasado “había un desdén” de los cárteles hacia la venta de droga en las calles porque se concentraban en el tráfico a otros países, pero ya no es lo mismo.

“Fue mutando y ahora encontramos que en ciertos estados de la república las estructuras o empresas criminales ya tienen interés en el tema del narcomenudeo”, dice Sánchez Zamora, ex delegado de la ahora Fiscalía General de la República en Baja California.

Los informes de detenciones, las estadísticas oficiales de decomisos de estupefacientes y entrevistas con algunos vendedores de droga en las calles, ayudan a armar el nuevo rompecabezas del narcomenudeo en Tijuana.

En esta ciudad fronteriza, así como en diferentes zonas del país, el narcomenudista es el último eslabón de los cárteles de la droga. Funcionan como contratistas independientes encargados de la venta en las colonias y en establecimientos como bares.

Aquellas pandillas que peleaban a pedradas y puñaladas por el barrio, son hoy las que se matan a balazos, asegura un veterano detective que pidió no ser identificado.

Todo esto más el crecimiento de la impunidad con la que operan los narcotraficantes, y las eventuales complicaciones para el contrabando a Estados Unidos, han hecho que este mercado florezca en ciudades mexicanas como Tijuana.

Aunque no se compara con las ganancias que genera la exportación ilegal, el narcomenudeo se volvió una creciente fuente de ingresos por el aumento de la farmacodependencia en México.

“Hacia fines de los ochenta, inicios de los noventa y hasta la fecha, hemos tenido una curva exponencial, un crecimiento aceleradísimo”, asegura Hugo López-Gatell Ramírez, subsecretario de Prevención y Promoción de la Salud en el gobierno federal.

El modelo en el que “trabajan” los distribuidores callejeros ha evolucionado con los años. Policías e investigadores coinciden en que la venta de drogas al menudeo es el “modus vivendi” de amplios sectores de la población tijuanense, aunque esto muchas veces les cueste la vida.

“Hay unos que trabajan 10 horas, hay otros que trabajan ocho horas. Se van turnando. Si detenemos a una persona y la mandamos al ministerio público, ese espacio lo cubre otra”, cuenta un uniformado antes de iniciar uno de los recorridos en la zona norte de Tijuana.

Los agentes portan chaleco antibalas y además de la pistola de cargo, en la unidad no faltan los rifles de alto poder.

Operativos en busca de drogas en Tijuana. Crédito: Leonardo Ortiz.
Operativos en busca de drogas en Tijuana. Crédito: Leonardo Ortiz. 

La ruta empieza en colonias de clase media para pasar a zonas marginadas donde las unidades pick up transitan entre cañones o colinas que en muchos casos carecen de pavimento y alumbrado público.

Entre tantas detenciones que realizan diariamente, los oficiales han obtenido de primera mano declaraciones de cómo funciona este negocio. “Tienen su salario; 500, 700 pesos. Creo que 700 pesos ganan los que trabajan 10 horas”, dice el supervisor García, que tiene más de 20 años patrullando las calles de Tijuana.

“Les pagan por cada tanda, que son alrededor de 20 dosis. Las tandas vienen con 23 o 24. De esas, tres o cuatro son para ellos”, cuenta el experimentado policía. Ese extra lo pueden vender o consumir. La segunda opción es la más común.

En estas jerarquías criminales no es extraño que los que empiezan como adictos se conviertan en vendedores y en algún punto su adicción los lleve a robar para comprar sus dosis.

De ahí, otros se convierte en sicarios, afirman los detectives de la fiscalía estatal.

Aun así el mayor riesgo de esta actividad no es la cárcel. En Tijuana es más sencillo que los maten a que terminen en prisión.

En los últimos tres años hubo 145 investigaciones por narcomenudeo donde la orden de aprehensión fue cancelada por defunción, según cifras entregadas por la autoridad investigadora.

En una ciudad donde las autoridades repiten constantemente que los asesinados estaban involucrados en el narcomenudeo, esta cantidad parecería contradictoria.

Pero un análisis comparativo de los datos de homicidios y las detenciones por posesión de droga muestra que las zonas con más arrestos son también las que tienen más asesinatos.

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