¿QUIÉN MATÓ A ERNESTO SALOMÓN SAUCEDO?

Por Vicente Calderón.

Justo cuando las quejas contra el actuar del ejército mexicano en la lucha contra las drogas toman fuerza a nivel nacional, los militares en Tijuana se han metido en camisa de once varas.

Hay que reconocer que la labor de las fuerzas castrenses ha sido crucial en los avances alcanzados contra el crimen organizado en Baja California. Aunque los mafiosos siguen operando con gran impunidad, no lo hacen con la libertad y ostentación con que lo hacían a principios de la administración estatal.

Pero la muerte de Ernesto Salomón Saucedo, alias “el nemo”, aparentemente a manos de un grupo de militares, pone en evidencia el peligro de mantener a los soldados en labores de policía. Elementos de distintas corporaciones coinciden en que Salomón Saucedo era un peligroso asesino ligado a Teodoro García Simental alias «el Teo». Incluso algunos justifican su muerte diciendo que «era todo un malandro».

De acuerdo a las declaraciones ministeriales de sujetos detenidos por el asesinato de la edecán Adriana Ruíz, «el nemo» es uno de los responsables de que la torturaran, ejecutaran y decapitaran. Los investigadores coinciden también en que Ernesto Salomón planeó los ataques contra policías municipales «porque no se querían alinear».

Pero las circunstancias de su muerte no están claras y por eso hay muchas sospechas. ¿Por qué le dispararon si era un sujeto con información importantísima para aclarar no sólo el homicidio de Adriana Ruíz, sino muchos otros? ¿Por qué si Salomón Saucedo resultó herido en el ejido Francisco Villa, en el este de la ciudad, lo llevaron lesionado a las instalaciones militares en la zona del Aguaje de la Tuna donde lo recogió la ambulancia de la Cruz Roja? ¿Por qué a pesar de que agentes de la Procuraduría General de Justicia Estatal (PGJE) custodiaron la escena del crimen, finalmente se retiraron antes de que llegaran los elementos de servicios periciales a buscar y recoger evidencias?

Lo poco que se sabe sobre el incidente es gracias a las declaraciones de la esposa del hoy occiso. Explicó a un grupo de reporteros que habían sido atacados por hombres con vestimenta similar a los grupos antimotines pero color azul oscuro y uno con uniforme militar; que después la llevaron a las instalaciones del cuartel y la torturaron psicológicamente.

El ejército ha permanecido callado, pero no la delincuencia. Si los soldados no han reconocido su participación en la localización y posterior muerte del «nemo» los criminales parecen no tener duda.

El hallazgo de un vehículo con el cuerpo de una mujer en la cajuela a los pocos días de la muerte de Salomón no es visto por algunos detectives como fortuito. Piensan que es un reto a la milicia, pues fueron y dejaron el auto con el cadáver en las inmediaciones de las instalaciones militares.

La víctima es una mujer que se dedicaba al esoterismo, a leer la suerte. Las autoridades investigan si Salomón la había visitado recientemente y si la ejecutaron sus cómplices por creer que fue ella quien dio informes para la ubicación de Salomón Saucedo; por eso le habrían cortado dos dedos de cada mano.

No es la primera vez que hay acusaciones contra el ejército por abusos o no respetar las leyes y los procedimientos civiles pero pocas veces habían quedado tan evidentes.

¿Quién investiga la muerte de Ernesto Salomón Sauceda? La PGJE también se ha querido deshacer de su responsabilidad pues «le echa la bolita» al ejército.

Pero quieren hacernos creer que como era un peligroso delincuente a nadie le debe importar.

Apenas hace unas semanas el presidente pedía que le mostraron un caso de abuso de las fuerzas armadas, porque el piensa que no los hay.

Si la II zona militar da alguna explicación a la ciudadanía que tanto los apoya aclarará muchas cosas. Si no, la comunidad pensará que «el que calla otorga»

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