JUZGUE USTED

Por Francisco Castro Trenti.

Tijuana.21 de noviembre de 2009

El pasado junio escribí -La evaluación-: “El índice global de paz publicado antier, otorga a México un nivel de seguridad bajo, al ubicarlo en el lugar 108 de 144 naciones evaluadas. Por debajo de nuestro país aparecen Ecuador, Guatemala, Honduras, Venezuela y Colombia; sin embargo, si bien podría considerarse que dichas naciones son más inseguras que la nuestra, tal apreciación es, lamentablemente, incorrecta, puesto que en tan solo tres años -2007 a 2009-, México descendió 29 lugares (del 79 al 108), Ecuador 22, Guatemala y Venezuela 18, lo que -en la realidad y en la estadística- nos sitúa como el país más inseguro de Latinoamérica. Es una triste realidad.”

Continuaba: “Es vergonzoso que en dicha evaluación México se sitúe por debajo -con mucho- de países como Botswana, Vietnam, Kuwait, Ghana, Gabón, Tanzania, Perú, Bolivia y muchos más, y debemos preguntarnos por qué es así, sin dejar de considerar que la inseguridad no es sólo la que genera la delincuencia, sino que la inseguridad jurídica en general es la que resulta de la impunidad, que -en otras palabras- significa la falta de aplicación de la ley, o la manipulación de la ley para aplicarla con justicia y gracia según los intereses de quien gobierna, entre muchas cosas más.”

Un mes después, en julio, abundé -El rumbo-: “hace unos días -el pasado veintinueve de junio- el Banco Mundial publicó la octava edición de los “Indicadores Mundiales de Buen Gobierno”, que son los siguientes: 1. Control de corrupción; 2. Aplicación de la ley; 3. Estabilidad política y ausencia de violencia y/o terrorismo; 4. Eficacia gubernamental; 5. Calidad regulatoria; y 6. Voz y responsabilidad. Estos indicadores se obtuvieron de 215 países, desde Afganistan hasta Zimbawe, y arrojaron resultados muy interesantes, los cuales pasaron prácticamente desapercibidos en los medios -salvo ligeras menciones- entendiendo ‘las razones’ de la censura. Los resultados ubican a nuestro país en su justa dimensión dentro del orden mundial, en donde México resulta reprobado en los tres primeros indicadores antes enumerados, mismos que, en mi concepto, son los más importantes, debiendo considerar que la calificación mayor es 100 y la más baja 0. En el indicador “Control de corrupción”, en el año 2003 -la mitad del gobierno de Fox- México se calificaba con 53; ahora, en 2008, con 50.5, por debajo de Chile, Ghana, Surinam y Serbia, dentro de muchos más. En el indicador “Aplicación de la ley”, en 2003 México se calificaba con 44; ahora, en 2008, con 29.7, por debajo de Tanzania, Zambia y Siria, por solo citar algunos. En el indicador “Estabilidad política y ausencia de violencia y/o terrorismo”, en 2003 México se calificaba con 45; ahora, en 2008, con 24.4, por debajo de Libia, El Salvador, y El Congo.”

Continuaba: “Esta es una cruda realidad, triste, que demuestra que el rumbo de la administración no está bien, y que debe corregirse… Lo cierto es que el discurso presidencial no corresponde a la realidad en que, según el Banco Mundial, se ubica nuestro país. El rumbo del país tendrá un cambio este domingo de elecciones, pero, aun así, las cosas difícilmente cambiarán.”

Ahora se le pinta una raya más al tigre.

El reciente estudio publicado por Transparencia Internacional, titulado “Índice de Percepción de la Corrupción”, sitúa a nuestro país en el lugar 89, de 180 países, descendiendo 17 lugares en comparación con 2008, ya que ese año se ubicaba en la posición 72.

Pero si es grave que de un año a otro se haya dado tal retroceso, más grave es que de 2001 a la fecha México haya bajado 38 lugares, porque en ese año el país se encontraba en el lugar 51 de la lista. En el sitio http://www.transparency.org/ pueden corroborarse éstos datos, que precisan también que en 2002 bajamos al lugar 57, en 2004 al 64, y en 2006 al 70.

El mismo estudio señala que “estos países -México entre otros-, pese a que deberían convertirse en ejemplos de lucha contra la corrupción, se han visto sacudidos por escándalos sobre impunidad, pagos irregulares, corrupción política y captura del Estado”.

Transcribo -y hago propio- lo escrito ayer por Alfonso Zárate en El Universal: “Los mediocres dominan la escena pública. Lo que prevalece en los órganos de dirección lo mismo de los gobiernos que de los partidos…es la improvisación, la insignificancia, el patrimonialismo. Una de las claves que explica el ascenso de figuras anodinas a los cargos de mayor responsabilidad reside en el perfil de los que mandan: sus inseguridades, sus miedos, que los llevan a rodearse de gente pequeña…”…

Mediocres -salvo contadas excepciones- en tareas de elevada responsabilidad social, siguen allí. Otros en cargos de elección popular también, preparándose, cínicamente, para buscar más, exigiendo a periodicazos el cumplimiento de responsabilidades, pero complacientes y sumisos en el Congreso.

Pillos que han amasado fortunas valiéndose de cargos gubernamentales se sienten, ahora, de alcurnia y abolengo; algunos siguen allí, en tanto otros buscan regresar.

Bisoños inexpertos en tareas oficiales, se sienten tocados por los dioses del Olimpo. Y siguen allí, con su miopía, queriendo ser candidatos a lo que sea, o en consolación, ser ubicados en algún cargo de dirección. Al fin que lo que cuenta son las relaciones, y no los conocimientos y preparación. Que más da que sea de chile, de dulce o de manteca.

Pero lo peor es que no pasa nada. Quienes debieran levantar la voz -y la mano-, no lo hacen por temor de perder ‘favores’ y ‘concesiones’. La dignidad, y la razón, no importan. La congruencia, no existe.

Por eso -y mucho más-, estamos como estamos. Y si no se hace algo pronto, pronto estaremos peor.

Con eliminar del gobierno una parte -¡al menos!- de mediocres, ineptos e incompetentes, se podría comenzar, donde las áreas de seguridad y justicia aportarían una buena cantidad de éstos.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: