PALABRAS, PALABRAS, PALABRAS…

A no pocos ha sorprendido que algunos relojes, sobre todo los suizos con numeración romana exhiban en su carátula un raro número 4, representado por IIII y no la convencional cifra que todos conocemos como IV.

¿A qué se debe que la mayoría de los relojes con numeración romana tengan escritas cuatro rayas verticales en sustitución de la convencional I acompañada de la V para formalizar el cuatro?

Todos conocemos que el nacimiento de los números y de los signos desde la prehistoria, tuvo su base lógica y utilitaria: I II III IIII IIIII y así, sucesivamente. Se dice que los babilonios fueron los primeros en utilizar una simbología cuneiforme para grupos de diez y los griegos en ordenarlos y nombrarlos por letras.

Respecto al sistema romano, éste derivó de los etruscos, gente que vivió en Italia entre los siglos VII y IV antes de nuestra era, y estaba basado en el sistema aditivo, esto es, I y I igual a II; II más I son III; III y I igual a IIII; V más II suman VII y así sucesivamente pasando por el VIIII (9) y demás, lo que entre suma y suma daba una impráctica resultante.

Ante ello, los romanos idearon el sistema sustractivo, que facilitó tanto escritura como lectura de las cifras. Llegada cierta cantidad se aplica una resta, en lugar de agarrar monte más para arriba: V menos I igual a IV; X menos I suman IX, etcétera.

Sin embargo, pese a esta reforma primitiva en los números cuyo uso aún predomina para algunos casos, se implementó la notación IIII en lugar de IV en los relojes, parece ser que a partir del medievo. Se cuentan muchas historias, dos relacionadas con reyes, otras con la estética pasando por la simetría, y hasta se dice por ahí algo sobre dioses.

Una de las teorías refiere el problema de la confusión que se daría en virtud del círculo que forma la carátula del reloj y la cercanía de los números IV y VI con respecto a la lectura; también a la confusión entre los cercanos III y IV, ambos escritos con tres trazos. La utilización de un IIII eliminaría la posibilidad de cualquiera de las dos confusiones.

La simetría es otra de las razones que se aducen. El IIII con relación al VII que se encuentra frente a él, al otro lado del reloj, brinda la sensación de un buen balance.

También se cuentan historias de dioses. La abreviatura del dios romano Júpiter es IV (Ivppiter). Ni los romanos en sus relojes de arena ni cristianos en sus máquinas de cuerda usaban el IV por razones religiosas. Unos, por respeto a su dios y otros, por considerarlo una herejía, pues la abreviatura provenía de un dios pagano.

Y de reyes… Dicen que el rey Carlos V ordenó a un fabricante de relojes construir uno de éstos, al que puso en el correspondiente lugar el número convencional número IV. El rey lo regañó por haber escrito tal y no IIII, como estaba seguro su majestad que se escribía, y como contestación a la réplica del relojero, el soberano contestó: “El Rey nunca se equivoca…”. Ante tan real argumento, continuó el uso del IIII en los relojes.

Otra historia parecida se cuenta con respecto al rey Luis XIV de Francia, e incluso hasta se ha mencionado sin mucha convicción que el lunático soberano mandó decapitar al triste relojero, y desde entonces sus colegas de todo el mundo utilizan IIII en lugar de IV en memoria del infortunado.

Esto último parece ser lo más inverosímil, pues según los historiadores el IIII ya se usaba con anterioridad, no solamente en los relojes, sino en documentos y otros, por ejemplo, en lo concerniente a la realeza en Inglaterra.

A propósito, dicen que la familia más desunida es la de los relojes. Ninguno marca la misma hora.

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