Ante el retiro del ejército, Carlos Manzo dice gobernar con la bendición de Dios y el apoyo ciudadano

Foto: FACEBOOK /Uruapan Gobierno Municipal.

Carlos Manzo está rompiendo las reglas.

El alcalde independiente de Uruapan, quien cumplió su primer año al frente del municipio michoacano, se ha convertido en una figura polarizante: para algunos, un héroe imprudente; para otros, la única autoridad dispuesta a enfrentar lo que el resto prefiere ignorar.

Su cruzada ha tenido un costo. Colaboradores municipales han sido asesinados. Policías han caído en enfrentamientos. Y ahora, Manzo enfrenta el retiro repentino de las fuerzas federales que la presidenta Claudia Sheinbaum envió tras semanas de presión pública.

“De un día para otro fueron retirados estos 200 elementos de la Guardia Nacional sin mayor explicación”, relata Manzo en entrevista. “Estuvieron trabajando por lo menos una semana muy bien. El ejército tuvo importantes decomisos, abatió delincuentes, aseguró arsenales de alto poder. Pero luego desaparecieron, dejándonos en situación vulnerable”.

Hace dos semanas, Uruapan fue escenario de una manifestación pacífica que capturó la atención nacional. Miles de ciudadanos salieron a las calles exigiendo protección, hartos de vivir entre el fuego cruzado de organizaciones criminales como el Cártel Jalisco Nueva Generación y sus rivales locales, entre los que se cuentan Carteles Unidos y Los Viagras.

Escuche aquí la conversación completa con el presidente municipal de Uruapan, Carlos Manzo.

La presión funcionó, al menos temporalmente. “A partir de ese posicionamiento llegaron más de 200 elementos de la guardia nacional extraordinarios para reforzar las entradas y salidas de Uruapan”, explica el alcalde.

La policía local ha logrado detenciones de alto perfil, como la captura de un operador del CJNG conocido como “El Rino”.

Pero la intervención federal resultó ser lo que Manzo llama “una llamarada de petate, un apagafuegos”. Sin aviso previo, los efectivos se esfumaron, dejando al municipio con los mismos recursos precarios de siempre.

La respuesta de Manzo no se hizo esperar. Publicó en sus redes sociales un mensaje directo a Sheinbaum y al secretario de Seguridad, Omar García Harfuch, demandando explicaciones. “¿Por qué se retiraron esos 200 elementos? El riesgo es latente y tenemos que tener el apoyo permanente”, escribió.

Según el alcalde, el gobernador de Michoacán le prometió intervenir ante los mandos de la Guardia Nacional. “Voy a estar monitoreando qué respuesta hay”, advierte. “Si no, pues tendremos que reorganizarnos y tomar otro tipo de acciones para ser escuchados”.

Esa amenaza velada resuena en un estado con un historial complejo de movimientos de autodefensa ciudadana, surgidos precisamente de la percepción de abandono gubernamental.

Cuando Manzo asumió el cargo en septiembre de 2024, encontró una corporación policial desmoralizada, infiltrada por el crimen organizado y sin recursos básicos. “Vicios de corrupción, vínculos con la delincuencia organizada, una corporación mal pagada, sin equipamiento, sin patrullas blindadas”, enumera.

Su estrategia ha sido radical: duplicar salarios (ya implementó un aumento del 30%, con otro planeado para enero), blindar patrullas y, lo más controversial, usar la policía municipal para enfrentar directamente al crimen organizado, una facultad tradicionalmente reservada a fuerzas federales.

“Es cierto, constitucionalmente le compete a la Federación”, reconoce. “Pero a veces existen vacíos institucionales, descuido o hasta complicidad. Nosotros somos los que vivimos aquí, los que estamos expuestos junto con nuestras familias. Es un instinto de supervivencia”.

Esta postura le ha ganado admiración, pero también lo coloca en la mira. “Como ser humano, todos tememos las represalias”, admite. “Pero me rijo por dos filosofías: cuento con la bendición de Dios, porque estamos haciendo cosas buenas, y cuento con el apoyo de la mayoría de mi municipio. Si no lo hago yo, ¿quién lo va a hacer?”

Manzo insiste en que su política es atacar a todas las células criminales por igual, sin alianzas. “No podemos jugar como aliado de un grupo criminal, ni de uno ni de otro. Si me cargara para un lado, el otro ya me hubiera matado”.

Es una apuesta peligrosa en un territorio donde las lealtades ocultas han sido históricamente la norma. El alcalde reconoce detenciones, decomisos y “abatidos” en enfrentamientos con su policía municipal, resultados poco comunes para un gobierno local.

Cuando se le pregunta sobre la posibilidad de que surjan nuevamente grupos de autodefensa en Michoacán, Manzo no descarta el escenario. “Veo mucha ciudadanía con impotencia. Si no se llegara a atender por los tres órdenes de gobierno, pues ese es un riesgo latente que siempre ha estado en la historia de México”.

Su llamado es a la paciencia, pero también a la insistencia. “Espero que agotemos las vías institucionales, pero que sigamos siendo insistentes para que las autoridades hagan su trabajo”.

Para la numerosa comunidad michoacana en Estados Unidos, Manzo tiene un mensaje dual: inversión económica y rescate de valores. “Que inviertan en el desarrollo de sus pueblos, que se reactive la economía”, pide. Pero también insta a una reconstrucción del tejido social.

“Los jóvenes están más preocupados por vivir una vida de excesos, aunque eso les lleve a tener un límite de vida de cuatro o cinco años”, lamenta. “Tenemos que regresar a una filosofía de vida pacífica, armónica, obtener recursos de manera honesta”.

Sobre las presiones del presidente estadounidense Donald Trump hacia México en materia de seguridad, Manzo es pragmático: “En algunos planteamientos tiene razón. Las presiones van a ayudar a que los gobiernos volteen a ver la problemática. Pero se deben fortalecer los intercambios comerciales, porque si la gente no tiene trabajo, el problema se incrementa”.

Al cumplir 12 meses en el cargo, Manzo reconoce que apenas va “en una tercera parte” de su mandato. Las crisis se presentan todos los días, dice, y “no se puede dar por terminada la tarea”.

Su estrategia de confrontación directa con el crimen organizado lo ha convertido en un caso de estudio: ¿Es posible que un alcalde municipal, sin los recursos ni las facultades legales plenas, pueda hacer mella en estructuras criminales que han derrotado a gobiernos estatales y federales?

Por ahora, la respuesta parece ser tan provisional como el apoyo federal que recibió y perdió en cuestión de días. Manzo espera una llamada de la capital, una explicación, un compromiso renovado. Mientras tanto, en Uruapan, la vida continúa en ese equilibrio precario entre la valentía cívica y el pragmatismo de la supervivencia.

“Nosotros no operamos para ningún grupo delictivo”, repite como un mantra. “Nuestra tarea es salvaguardar a la ciudadanía, y deben entender que si agreden a los ciudadanos, van a ser detenidos o abatidos. Es nuestra tarea constitucional”.

Nota de la Redacción:

Para la elaboración de este artículo se utilizaron herramientas de Inteligencia Artificial y fue editada por el equipo de Tijuanapress.com

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