Crece el campamento y la inconformidad de los vecinos

A pesar de que la mayoría de quienes se instalaron a las afueras de El Chaparral, ya cruzaron la frontera, el campamento de solicitantes de asilo sigue creciendo.

«Cada día vienen llegando más personas», dijo Eduardo, un hondureño que dice tener meses en el campamento.

Y al prolongarse la estadía de la gente en la vía pública aun los vecinos que simpatizaban con los migrantes empiezan a levantar la voz.

Residentes de la colonia Empleados Federales, dicen que el campamento ocasiona problemas que van desde el bloqueo de las salidas de sus casas hasta grafiti en las paredes.

“Me da vergüenza de estarles pidiendo permiso para salir”, dijo la señora María de la Luz Ramírez residente del lugar.

Algunos vecinos e incluso comerciantes ya se habían quejado pero preferían no hacer públicas sus preocupaciones, pero cuando están por cumplirse cuatro meses del asentamiento irregular, parece que su paciencia se acaba.

“La culpa es por las autoridades que no les ponen lo necesario. Si los estamos recibiendo, pues que les pongan lo que necesitan, agua, sanitario”, dijo la señora Guadalupe Rodríguez quien vive frente a la barda perimetral de la aduana.

Quienes residen en esta antigua colonia de Tijuana, pegados al límite internacional dicen que tienen que aguantar los malos olores por los baños portátiles que no reciben el mantenimiento adecuado y ver cómo hasta los bebés andan solos por las calles expuestos al peligro.

El espacio que estaba reservado para estacionar los carros de los trabajadores del SAT está ocupado por casas de campaña pues al crecer el campamento han ido tomando el arroyo vehicular.

“¡Que se vayan! ¡Que las radiquen en otra parte ya estamos cansados!” dijo la señora Ramírez.

Su vecina comentó:

“Yo les estuve dando sopas maruchan, les puse baño pero pues eran  400, 500 ahora son más de mil o dos mil no sé cuántos serán”

Mientras concedían la entrevista a este reportero, una pareja se acercó buscando apoyo y la Sra. Rodríguez atendió su petición pues dice que  entienden la situación y la necesidad de mexicanos y extranjeros que buscan asilo en Estados Unidos.

“Lo entendemos, lo que yo no voy a entender nunca en la vida, es la suciedad” agregó.

Otro vecino que constantemente se queja pero prefiere no hablar ante las cámaras dice que prácticamente desde el principio ha atestiguado varias actividades ilegales en el campamento.

Y que su presencia ha atraído a más criminales que buscan aprovecharse de los migrantes por eso no quiere llamar la atención.

La gente se empezaba a reunir frente a las casas y negocios en espera de que iglesias o alguna otra organización caritativa les trajera comida.

Los niños juegan con una pelota en medio de la calle. Los adultos se sientan en la acera buscando la sombra de los pocos árboles.

Las vecinas dicen que el problema es que no todos se llevarán su basura.

“Cuando yo estoy barriendo las hojas, hay basura de ellos; platos, vasos, comida, platos completos, desperdicios. Entonces eso es lo que a mi me molesta de ellos que no hacen por tener limpio” comenta Doña María de la Luz.

Las mujeres dijeron que buscan la intervención de las autoridades para expresar su inconformidad, pues sienten que no les han tomado en cuenta.

“¡¿Cómo van a abrir la frontera?! por donde van a entrar los peatonales”(sic) exclamó la Sra. Rodríguez.

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