EXPEDIENTE CONFIDENCIAL

Por Gerardo Fragoso M.
Mexicali, lunes 7 de enero de 2019.
Dos morenas
A lo largo de los 37 días que lleva gobernando Morena, se ha ratificado algo que se vio claramente desde la transición: Dicho partido se encuentra dividido en dos mitades. No es pluralidad, es diferencia de visiones. Y una mitad, la más cercana al presidente, ha cometido serios errores.
Una mitad de Morena ha resultado pésima imitación del PRI. El ejemplo más claro es Yeidckol Polevnsky, la presidenta del partido. Vociferante y servil, es como una sátira de Enrique Ochoa Reza. Ha tenido tres intervenciones especialmente patéticas. La primera, cuando salió a decir que la iniciativa para eliminar las comisiones bancarias no era de Morena. La segunda, cuando salió a decir que Tatiana Clouthier, un baluarte del nuevo régimen, tampoco era de Morena, tras sus críticas, más que válidas, a la Guardia Nacional. La tercera, cuando dijo que Luis Miguel “Barbosa va. Y va con todo”, como candidato a gobernador en la nueva elección de Puebla. Polevnsky cree que su labor es ser dedo chiquito del presidente, salir a “regañar” a quienes se salgan del “redil” –o sea, quienes osen actuar con libertad y no como si estuviéramos en los setentas–, y reforzar, ladrando, las posiciones que más enfurecen a los rivales políticos morenistas. Yeidckol necesita que le receten, durante una semana seguida, videos de Nancy Pelosi, la recién estrenada presidenta de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, para que entienda cómo debe ser una líder. Cuando la prensa conservadora del vecino país se le fue encima a Rashida Tlaib, por llamarle “cabrón” a Donald Trump, no salió Pelosi a decir que Rashida no era del Partido Demócrata, sino a suturar la herida, con elegancia y sin exhibir a su legisladora.
Hay quienes son menos fieras que Yeidckol, pero igualmente nocivos. Ahí está Mario Delgado, el coordinador de los diputados federales morenistas. Ha tomado medidas propias del PRI y el PAN, cuando les tocaba ser mayoría. Por ejemplo, intentar que les pagáramos la gasolina a los legisladores de la cámara baja o el ISR de su aguinaldo, o bajar a 100 pesos el salario diario de los trabajadores de intendencia en San Lázaro, cifra que estaba por debajo hasta del mínimo establecido por el propio AMLO. En todos los casos, Delgado, quien no le pide nada, en las formas, a Emilio Gamboa Patrón, solamente ha corregido tras ser exhibidas sus medidas en los medios.
Y esa mitad ha propuesto ideas que son buenas y, debido a su falta de oficio, terminan como ácido. Por ejemplo, es magnífico el combate al huachicoleo, mejor aún exhibir que era protegido y hasta auspiciado desde los gobiernos estatales. Pero es idiota aplicar la estrategia de cerrar los ductos en días donde miles vuelven a su ciudad por carretera y se cruza un lunes de regreso a clases. Qué favor tan grande le hicieron a la oposición.
La otra mitad de Morena tiene mucho más claro el juego. De entrada, busca cumplirle a la población ese anhelo de cambio por el cual votó. En dicho segmento se observa a cuatro ejemplos muy puntuales entre los senadores morenistas: Ricardo Monreal, Martí Batres, Bertha Caraveo y Lilly Téllez, quien ha resultado una grata sorpresa. Entre los diputados federales, solamente se observa a Tatiana Clouthier. En el gobierno, no hay un solo ejemplo de este grupo.
Caraveo fue la autora de la iniciativa para eliminar las comisiones, leoninas, que los bancos cobran en México. Tal idea fue apoyada hasta por opositores tan feroces como Arne Aus den Ruthen. Sin embargo, la iniciativa fue archivada luego de que AMLO no resistió las presiones de los bancos españoles. Luego, los banqueros mexicanos –achichincles de los ibéricos–, prometieron ayudar al presidente en el reparto de apoyos sociales y el tema se fue a la congeladora. Los bancos nos siguen cobrando lo que quieren.
Monreal defendió esa iniciativa y, además, en su papel de líder de los senadores morenistas y presidente de la Junta de Coordinación Política en la cámara alta, suprimió los apoyos para gasolina y obligó a que los senadores si pagaran el ISR de su aguinaldo, entre otros gastos superfluos que fueron eliminados.
Batres ha exigido austeridad a los propios partidos políticos, poniendo él mismo aquel ejemplo, jocoso, de llevar su comida en un ‘tupper’ al senado.
Téllez condenó aquella expresión de “se las metimos doblada” que dijera Paco Ignacio Taibo II, ausentándose de la votación donde se aprobó la ley a modo, para que el español fuese titular del Fondo de Cultura Económica. También, ante la negativa del gobierno mexicano para firmar la declaración del Grupo de Lima, donde se desconoce el nuevo periodo de Nicolás Maduro como presidente, Lilly publicó en su Twitter: “El dictador Nicolás Maduro prolongará su tiranía por otro período más. Muchos mexicanos nos mantenemos solidarios para seguir denunciando el sufrimiento que ese déspota provoca en Venezuela”.
Tatiana, que ha defendido siempre al gobierno de AMLO de las críticas de priistas, panistas y perredistas, también puso el dedo en la llaga con la Guardia Nacional, expresando “no fue lo que se ofreció en campaña”.
La mitad de Morena que representan Monreal, Batres, Caraveo, Téllez y Clouthier, tiene claro por qué votamos 30 millones el 1 de julio. La otra mitad cree, igual que el PRI y el PAN en su día, que el amor electoral es eterno e incondicional.
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