ENTRE EL HORROR Y EL OLVIDO

UNICEF/Sokol Niños rohingyás en su campamento inundado en Bangladesh.

Un año de crisis rohingya.

 

Por Noticias ONU.

Nueva York, viernes 24 de agosto de 2018.

 

Un año después de una crisis que ha visto a más de 700.000 musulmanes rohinyás escapar de la violencia en Myanmar al huir a Bangladesh, esta minoría religiosa una vez más está al borde de otro desastre si no se pueden asegurar más fondos para continuar la respuesta humanitaria.

El Plan de Respuesta Conjunta lanzado en marzo de 2018 solicitó 950,8 millones de dólares para el período de marzo a diciembre de 2018. Hasta la fecha, el plan solo tiene un tercio de los fondos que necesita para fines de año, informó Giorgi Gigauri, jefe de misión de la Organización Internacional para las Migraciones de la ONU en Bangladesh.

“El personal médico de la OIM ha registrado medio millón de consultas desde que comenzó esta crisis. Eso muestra el nivel de necesidad que enfrentamos. Pero la cruda realidad es que, sin más apoyo, tales servicios están bajo amenaza “, agregó Gigauri.

Los expertos de la ONU señalaron que esto es muy preocupante dado que los últimos cuatro meses de 2018 se acercan y a estas alturas es vital que los organismos humanitarios reciban fondos para seguir brindando asistencia.

“Eso no solo tendrá un impacto en quienes necesitan tratamiento médico inmediato, sino también en medidas de salud pública, como la vacunación y el difusión, sin lo cual el riesgo de brotes de enfermedades a gran escala aumentará drásticamente. Mientras tanto, mantener el drenaje y vaciar las letrinas cuesta dinero. Sin esto, veremos desbordamientos que conducirán a la contaminación del agua y la propagación de enfermedades “, advirtió Gigauri.

El jefe de misión enfatizó que, en una respuesta humanitaria de esta escala, las restricciones o recortes a un solo servicio tendrían un impacto más amplio.

“No debemos subestimar los peligros que aún enfrentan los refugiados rohinyás. Un año después del inicio de la crisis, no deben olvidarse “, dijo. “Estas personas han sobrevivido a un sufrimiento casi inimaginable. La comunidad internacional no debe ahora darles la espalda y permitir que los rohinyás se vean envueltos en otra tragedia más”.

Crónica de una tragedia

UNICEF/Patrick Brown
Miles de refugiados rohingya hacen fila para recibir ayuda en un punto de distribución ubicado en el campamento de refugiados de Balukhali, Cox’s Bazar, Bangladesh, el 17 de noviembre de 2017.

El 25 de agosto se cumple un año del inicio de una campaña militar de asesinatos extrajudiciales, violencia sexual e incendios provocados que expulsaron a más de 700.000 musulmanes rohinyás del estado occidental de Rakhine, en Myanmar.

Desde entonces, estos rohinyás apátridas han encontrado refugio y seguridad en el distrito Cox’s Bazar, un popular destino vacacional en el sur de Bangladesh, famoso por su playa, una de las más largas e ininterrumpidas del mundo. Pero a solo 16 kilómetros de la playa, se vive una realidad diferente.

Cerca de un millón de refugiados rohinyás pueblan los 34 campamentos emplazados en un área de 26 kilómetros cuadrados en Cox’s Bazar. Tan sólo en el asentamiento de Kutupalong-Balukhali viven más de 600.000 personas, lo que lo convierte en el asentamiento de refugiados más grande y más densamente poblado del mundo.

También es uno de los lugares que concentra una gran cantidad de dolor. Conforme han arribado, los sobrevivientes han narrado historias de terror que cargaron consigo desde que huyeron de sus hogares asolados por lo  que los expertos de la ONU han calificado de “limpieza étnica”.

“La limpieza étnica de los rohinyás de Myanmar continúa. No creo que podamos sacar ninguna otra conclusión de lo que he visto y oído en Cox’s Bazar “, dijo Andrew Gilmour, subsecretario general de derechos humanos de la ONU, tras visitar Cox’s Bazar en marzo.

Gilmour destacó tres factores que hacen inconcebible esperar que los refugiados regresen pronto a Myanmar: la amenaza inmediata de asesinatos casi seguros, violación y otras formas de violencia; la imposibilidad de vivir allí, dado que todas las fuentes de alimentos y medios de vida han sido destruidas o declaradas fuera de los límites de la mayoría de los rohinyás restantes; y la aparente ausencia de voluntad para abordar las causas fundamentales de este problema, que ha sido el resultado de décadas de políticas de discriminación contra los rohinyás. Las autoridades de Myanmar se niegan a reconocer los derechos de los rohinyás y a otorgarles la ciudadanía.

“En última instancia, el mundo no puede permitir que los autores de este caso brutal de limpieza étnica, que muchos creen que puede constituir un genocidio, sean recompensados. Será necesaria la repatriación de los rohinyás a sus hogares y a su país, así como la rendición de cuentas por los crímenes de lesa humanidad que puedan haberse cometido contra ellos “, continuó Gilmour.

Ciclones a la vista

UNICEF / Brian Sokol
Refugiados rohinyás bajo las lluvias monzónicas en el campamento de Balukhali, en el distrito de Cox’s Bazaar.

Pero además de estar en una de las regiones más densamente pobladas del mundo, los refugios de los rohinyás son propensos a inundaciones y ciclones. Con la temporada a punto de comenzar en septiembre, las agencias de las Naciones Unidas se lanzaron en una carrera contra el tiempo para acondicionar los asentamientos hechos de láminas de plástico y postes de bambú ubicados en valles empinados y laderas que han sido despojados de toda la vegetación, incluidas las raíces.

Ante este escenario, la agencia para refugiados ha llevado a cabo intensos preparativos en los últimos meses para alistar los campamentos de refugiados para enfrentar las fuertes lluvias monzónicas. Se han implementado trabajos masivos de ingeniería para ayudar a reducir el riesgo de deslizamientos de tierra e inundaciones. Miles de refugiados han sido movilizados y entrenados para servir como la primera línea de respuesta en caso de un desastre natural. Estos esfuerzos han resultado invaluables durante las lluvias sin precedentes de junio y julio, ya que los asentamientos de refugiados soportaron en gran medida el clima adverso, destacó ACNUR.

Por su parte, el doctor Peter Salama, director general adjunto de preparación y respuesta ante emergencias de la Organización Mundial de la Salud, dijo que se han logrado avances significativos en la protección de cientos de miles de refugiados rohinyás en Bangladesh en estos 12 meses.

Salama destacó que los brotes de enfermedades mortales también se han mantenido a raya en Cox’s Bazar a pesar de que “todas las condiciones están en su lugar para una epidemia masiva“, y señaló que los brotes de sarampión y difteria se han contenido.

“Necesitamos mantener la vigilancia para advertencias tempranas de enfermedades infecciosas. Ese sigue siendo un riesgo importante debido a la situación ambiental, el saneamiento deficiente, la sobrepoblación masiva, la forma en que estas personas se alojan y tenemos que mantener nuestra capacidad de aumentar la respuesta a los brotes cuando sea necesario “.

Un área clave de preocupación es la salud de unas 60.000 mujeres rohinyás embarazadas en los campamentos.

Muchas de ellas sufrieron violencia de género “antes o durante el curso de su huída” desde Myanmar, dijo Salama, y agregó que sólo una quinta parte de ellas dará a luz en un centro de salud adecuado.

Myanmar tiene la solución

WFP/Saikat Mojumder
Refugiados rohingya

El portavoz de ACNUR, Andrej Mahecic, fue claro al decir que “es vital no perder de vista el hecho de que las soluciones a esta crisis se encuentran en Myanmar”.

Estas, agregó, deberían incluir garantizar la libertad de circulación de todas las personas en el estado de Rakhine, independientemente de su etnia, religión o condición de ciudadanía, y un camino claro y voluntario hacia la ciudadanía.

“La voluntad de las autoridades de Myanmar de tomar la iniciativa en este proceso es fundamental”, acotó.

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