EXPEDIENTE CONFIDENCIAL

Columna de opinión.
Por Gerardo Fragoso M.
Turquía no es Argentina
En Turquía, ese truhan llamado George Soros, aplicó la receta que, de tan repetida, sorprende que aún sea efectiva.
Campaña negra contra un presidente que no es de su rebaño, caracterizándolo como un “autócrata”, o como alguien indeseable que es de, buenas a primeras, el lastre que no deja avanzar al país y ser felices a sus habitantes, creando la necesidad de un cambio. Luego, aparece uno de sus engendros, que tiene un discurso completamente opuesto al del “autócrata”, que representa ese cambio que se anhela, como resultado del lavado de cerebro sorosiano. Al final, en segunda vuelta, se enfrentan el “malo” contra el “bueno” sorosiano y, entre poblaciones de mente y convicciones débiles, suele ganar este último. Acto seguido, al “bueno” se le quita lo bueno cuando asume el poder, arrojando a su población a una catarata de reformas neoliberales, que empobrecen a las clases medias y bajas, ante la sonrisa satisfecha de Soros y sus aliados.
Así le hizo Soros para poner lo mismo a fiscales de distrito estadounidense que le hagan fácil el trabajo a criminales y narcotraficantes, que al colocar a presidentes que enfilan, con saña, en contra de las clases medias y bajas, como ha ocurrido con Emmanuel Macron y Mauricio Macri, por mencionar solamente tres ejemplos.
Uno de los mayores enemigos de Soros es el presidente turco Recep Tayyip Erdoğan. ¿Su pecado? aplicar una política económica keynesiana, que favorece el crecimiento de su país y el bienestar de las turcas y los turcos. Y eso es imperdonable para Soros, pues Turquía, en la concepción de la mafia neoliberal, no está para mandar, sino para obedecer. En otras palabras, para vivir endeudado con el FMI y condenado al tercer mundo.
Erdoğan lleva 15 años como mandatario, lo cual es encandaloso para la prensa sorosiana (con El País, CNN y Univisión en primerísima fila), que demanda un “cambio”. El presidente turco lleva en el poder apenas un poco más que Angela Merkel en Alemania. Pero Merkel es fiel escudera de Soros, el FMI, los Rothschild… ella si que dure eternamente, 40 o 50 años si es posible.
Según datos del Banco Mundial, en los 15 años de Erdoğan  como mandatario, el PIB de Turquía ha tenido un crecimiento acumulado de 87.3%, con un 6% promedio anual y un 7.4% en 2017. México, con los títeres neoliberales que nos han gobernado, en ese mismo periodo, ha crecido, en promedio, 2.5% anual.
A Erdoğan  han intentado tirarlo de todas las formas posibles. La noche del 15 de julio de 2016, militares traidores a su país intentaron darle un golpe de estado, comprados por Fethullah Gülen, millonario predicador islamista, quien vive en Pensilvania, protegido por el gobierno estadounidense -cuando Erdoğan pidió su extradición tras el golpe, Barack Obama, títere de Soros, se negó-.
Ya en la madrugada del 16 de julio de 2016, Erdoğan convocó a la población civil a resistir el golpe. A esa hora, miles salieron a las calles para oponerse a los militares traidores y estos, criminales, dispararon contra civiles, matando a 47. Eso no amederentó a las turcas y los turcos, que siguieron afuera, ondeando banderas de su país. Al final, esa resistencia y la de los militares leales, hicieron fracasar el golpe ¿Cuántos mexicanos saldrían a defender a su presidente? De ese tamaño es el apoyo que Erdoğan tiene por parte de los suyos.
Fue el primer golpe de estado fallido en Turquía desde que se transformó en una república. Los cuatro anteriores habían sido exitosos.
Se le critica a Erdoğan que ha ido vinculando, nuevamente, la política al islam, a contracorriente del legado que dejó Mustafa Kemal Atatürk, dejando guardada en el cajón, a consecuencia de ello, la idea de sumarse a la Unión Europea.
Tienen razón sus críticos al decir que Erdogan ha ido acercando gobierno y religión otra vez; también que ha tomado posiciones diplomáticas cada vez más islámicas y menos occidentales. Sin embargo, el hecho es que la UE hace agua y se ha convertido en un club donde Alemania manda, el resto obedece y Francia vigila que se cumplan las órdenes germanas ¿Deveras Turquía necesita entrar ahí, cuando el Reino Unido va de salida? Además, por lazos históricos y culturales, Turquía no tiene por qué ser Holanda.
Otra cosa es que los herederos de Atatürk, aglutinados en el Partido Republicano del Pueblo (CHP, por sus siglas en turco), se han pervertido. Quieren alejarse del islam, pero para acercarse a Soros, el FMI y Merkel, algo completamente opuesto a los ideales nacionalistas que defendió Atatürk quien, precisamente, luchó contra la ocupación de ingleses, italianos y franceses.
Fracasada la idea del cuartelazo, Soros y su clán neoliberal buscaron otra vez la vía de las urnas. Su engendro para enfrentar a Erdoğan, en las elecciones presidenciales celebradas el domingo, fue el físico Muharrem İnce, quien fue postulado por el CHP. Su campaña se centró en presentar a Erdoğan como un autócrata, avisar que vendería el palacio presidencial y decir que reanudaría relaciones diplomáticas con el dictador (ese si) sirio Bashar al-Ásad, que ha matado niños con armas químicas… pero es protegido de Soros.
La estrategia sorosiana era la misma usada en Argentina. Que Erdoğan no ganara en primera vuelta, para que İnce aglutinara a toda la oposición en la segunda y vencerlo. Acto seguido, a empobrecer turcos.
Pero he aquí que Turquía no es Argentina. Erdoğan, postulado por la Alianza Popular,  derrotó a İnce por paliza (52.55% vs. 30.67%), en primera vuelta.
Antes de las elecciones, el mandatario turco afirmó: “Nuestra economía creció 7.4% el último año. Y no somos esclavos de Soros, ni de nadie más, a excepción de Alá”. Por el bien de la humanidad, eso seguirá así.
Comentarios: gerfragoso@gmail.com
Twitter: @gerardofragosom
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