EL LIBRO Y SUS CELEBRACIONES

Por Victor Alfonso López C.
Tijuana, B.C. 12 de noviembre de 2009.

Cuando se vive en la Anormalidad, lo normal resulta excepcional.

En el calendario cultural de México noviembre registra dos importantes celebraciones en torno al libro: el soporte intelectual más transcendente de cuantos dan testimonio de la permanente evolución, para bien y para mal, del ser humano, desde el remoto origen de su simple y unicelular morfología, inicio de la vida en este maltratado planeta Tierra, según el paradigma científico-materialista, hasta su compleja estructura anatómica de hoy. Soporte que, en palabras de José Luis Borges, es “…el invento más insólito hecho jamás por el hombre….”

El 12 de noviembre, aniversario del natalicio de Juana de Asbaje y Ramirez de Santillana, más conocida como Sor Juana Inés de la Cruz, se conmemora el “Día Nacional del Libro”, que quedó instituido en tal memorable fecha mediante decreto del 6 de noviembre del 1979 firmado por el C. Presidente de la República, con el loable propósito de exaltar su celebración bajo el amparo de la excelsa poeta mexicana, mujer excepcional que iluminó su época

Desde 1980, esta fecha de la cultura nacional, doblemente festiva, ha sido avalada por la edición de un libro conmemorativo de autor mexicano, cuyo primer título fue, precisamente, “Sor Juana. Obra escogida”. La edición de este año, vigésimo noveno aniversario, corresponde al ingenioso escritor y entrañable cronista Carlos Monsivais, con el sugestivo título “Los mil y un velorios. Crónica de la nota roja en México”, cuyo propósito último es que llegue gratuito a manos del lector patrocinado por su librero de cabecera.

Por estas solas razones, el Día Nacional del Libro, de la mano de Sor Juana Inés de Cruz, merecería figurar en el calendario cívico escolar mexicano como una obligatoria e ineludible actividad, con el fin de que anide en el subconsciente de los futuros ciudadanos y establezca un vínculo íntimo entre el conocimiento de las ideas y el personal desarrollo intelectual que justifica la existencia del ser humano, matizando la contundente teoría del Stanislaw Lam de su exclusivo destino como reproductor de la especie.

Pero lo cierto es que ni la Federación ni el Estado han considerado tales merecimientos. En este sentido, la Unión de Libreros de Tijuana ha cursado peticiones, en dos ocasiones y a distintos gobiernos, a la máxima autoridad educativa del Estado, a través del Instituto de Cultura de Baja California, con el más absoluto silencio como respuesta.

El otro aspecto importante a considerar en esta reflexión es la parte de la naturaleza mercantil del libro, de la que puede decirse que la ineficiencia pública tiene sus aliados privados, también directamente responsables de la difusión del Día Nacional del Libro en cuanto a que participan en su producción, promoción y venta: Cámara Nacional de la Industria Editorial Mexicana, CANIEM; Asociación de Libreros Mexicanos, ALMAC; Asociación Nacional del Libro, ANALC y las escasas librerías que sobreviven dispersas por el País, que no han sabido asumir un protagonismo colectivo que incida ante las instancias de gobierno, con la inefable SEP a la cabeza, impulsando una amplia campaña de difusión mediática (prensa, radio. TV, internet, etc.), que alcance los confines de nuestra geografía, como llegan los mensajes cargados de demagógica retórica política a cuenta del erario público. En este y otros aspectos la CANIEM, que agrupa a un sector importante de las editoriales mexicanas, ha demostrado su ausencia de liderazgo desconectada de los aliados naturales, y carente de una política influyente en sus relaciones con las autoridades de la educación y de la cultura.

De tal manera que la celebración del Día Nacional del Libro no es impulsada como un acontecimiento sobresaliente por ninguno de los atributos de su doble naturaleza, agravado por la respuesta de una sociedad de pobre querencia hacia la lectura. Así se explica que, después de 29 años, no tenga un lugar preferente en el recuerdo colectivo ni merezca la atención mediática de cualquier otro de los días celebratorios que mueven a la voraz sociedad de consumo.

La Feria Internacional del Libro, la renombrada FIL de Guadalajara, es el otro gran acontecimiento, este sí, del mes de noviembre. La más espectacular y grande simulación del acontecer cultural de la vida nacional, frente al abismo que representan los hechos de la vida diaria. Producida, dirigida y administrada por una institución de educación pública superior como es la Universidad de Guadalajara, y celebrada desde la ostentación política por el C. Presidente de la República en cada sexenio.

Pero, ¿Cómo entender estas dos manifestaciones de la cultura del libro insertas en una misma realidad? La primera es el reflejo del comportamiento de la sociedad mexicana, de la responsabilidad compartida entre gobernantes, editores, libreros y lectores, cuyo origen es el obvio subdesarrollo del universo del libro en México, en permanente deterioro, de la mano de la educación pública. La segunda es la construcción, desde nuestras limitaciones y carencias, del escenario más glamoroso de cuantas ferias del libro se celebran en los países de habla hispana, que sorprende a propios y extraños; incomprensible para el seducido visitante extranjero que manifiesta su perplejidad cuando conoce los indicadores que confirman la paradoja: bajo promedio del grado de escolaridad; ínfimo consumo de libros per capita; raquítico censo de librerías, con ciudades carentes de ellas; bibliotecas públicas descuidadas e inoperantes, con tecnología obsoleta y acervo insuficiente y des-actualizado; en fin, un panorama alucinante que esconde miserias y simula riquezas, luz del mundo y oscuridad de la Patria.

Victor Alfonso López es fundador de la librería el día y promotor cultural en esta frontera.
http://www.tijuanaenloslibros.com

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