Energía y seguridad económica binacional

Por José María Ramos, Profesor Investigador del COLEF.

El sector energético se ha convertido en un componente estratégico de la

seguridad económica de América del Norte y en un factor determinante de la

relación bilateral México–Estados Unidos.

En el contexto de la revisión del T-MEC, el gas natural, la inversión energética

y el acceso a los mercados adquieren una dimensión que trasciende el

intercambio comercial: inciden en la competitividad industrial, la resiliencia de

las cadenas de suministro y la capacidad de ambos países para sostener su

desarrollo económico.

México enfrenta una vulnerabilidad estructural derivada de su dependencia del gas

natural estadounidense.

El gas importado de Estados Unidos cubre actualmente entre el 75% y el 80% del

consumo nacional de México, un salto drástico en comparación con el 39.7% que representaba en 2014.

El sector eléctrico absorbe el 67% del total de este hidrocarburo el cual se canaliza

a las centrales de luz del país. (SENER, Plan de Desarrollo del Sector Hidrocarburos,

2026).

Esta interdependencia proporciona ventajas de costo y disponibilidad para la

industria mexicana, pero también expone al país a interrupciones de suministro,

cambios regulatorios y presiones comerciales externas. Por ello, la seguridad

energética debe entenderse como parte de una estrategia más amplia de

seguridad económica, orientada a garantizar el abastecimiento, diversificar riesgos

y fortalecer la infraestructura nacional.

La presión del gobierno del presidente Donald Trump para que México incremente

sus compras de gas natural estadounidense y amplíe las oportunidades de

inversión para empresas de ese país evidencia el uso de la energía como

instrumento de negociación económica. Según reportes del Financial Times (11

octubre 2026) retomados por Reuters, la propuesta contempla un esquema similar

al planteado con Corea del Sur, que incluyó compromisos de compra de productos

energéticos por 100 mil millones de dólares e inversiones adicionales. La iniciativa

se relaciona con el objetivo estadounidense de reducir su déficit comercial con

México, que alcanzó 197 mil millones de dólares en 2025.

Desde la perspectiva de la seguridad económica, esta estrategia presenta una

doble dimensión. Para Estados Unidos, ampliar sus exportaciones energéticas

fortalece su industria, genera oportunidades de inversión y consolida mercados

para sus productores.

Para México, aumentar las importaciones podría contribuir a

garantizar el suministro industrial y eléctrico, pero también profundizaría una

dependencia que ya alcanza aproximadamente 75% del gas natural consumido.

El Gobierno mexicano ha reconocido que esta concentración representa un desafío

para la soberanía y la seguridad energética.

En este contexto, el problema estratégico no consiste únicamente en decidir

cuánto gas comprar, sino en determinar bajo qué condiciones comerciales,

regulatorias y de inversión se organiza la interdependencia energética. Una mayor

integración puede generar beneficios compartidos, pero también incrementar la

exposición mexicana a interrupciones de suministro, variaciones de precios y

presiones políticas. La seguridad económica exige, por tanto, una eficaz gestión de

la cooperación bilateral con la diversificación energética, el fortalecimiento de la

infraestructura nacional y el desarrollo de fuentes alternativas en el marco de una

política de desarrollo regional y transfronterizo.

La energía también constituye un punto sensible en la revisión del Tratado entre

México, Estados Unidos y Canadá (T-MEC). Las diferencias sobre la participación

de empresas estadounidenses en el sector energético mexicano y el alcance de las

inversiones propuestas han complicado el diálogo comercial. Por ello, las

negociaciones requieren distinguir entre oportunidades legítimas de inversión y

exigencias que puedan restringir el margen de decisión de México sobre su política

energética.

La revisión del T-MEC articula gestionar tres niveles: la estrategia comercial federal

de Estados Unidos, los intereses energéticos e industriales del estado de Texas y la

vulnerabilidad mexicana derivada de su dependencia del gas natural importado.

Esta perspectiva fortalece el análisis de la gobernanza multinivel y de la seguridad

económica de América del Norte.

México necesita una estrategia de gobernanza energética que vincule

competitividad, certidumbre jurídica, seguridad de suministro y autonomía de

decisión. El objetivo no debe ser rechazar la cooperación con Estados Unidos, sino

establecer condiciones que distribuyan sus beneficios y riesgos de manera

equilibrada. En el marco del T-MEC, la energía debe concebirse como un

componente estratégico de la resiliencia productiva de América del Norte, no

exclusivamente como una herramienta para corregir desequilibrios comerciales.

En conclusión, la revisión del T-MEC debe comprenderse desde una perspectiva de

gobernanza multinivel que articule la estrategia comercial del Gobierno

estadounidense, los intereses energéticos e industriales del estado de Texas y la

vulnerabilidad de México ante su dependencia del gas natural importado. Esta

interdependencia convierte a la energía en un componente estratégico de la

seguridad económica, la competitividad y la resiliencia productiva regional. El

desafío mexicano consiste en fortalecer su infraestructura, diversificar fuentes de

suministro y negociar condiciones equilibradas que concilien cooperación bilateral,

certidumbre jurídica y autonomía energética.

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