Hungía: Medios, lecciones y elecciones

Foto: La capital húngara, Budapest. vía FACEBOOK / Embajada de Hungría en México.

La derrota electoral de Viktor Orbán en Hungría no es solo una historia sobre la caída de un líder populista.

Es una lección sobre los límites del control mediático como instrumento de poder.

El analista de medios y expresentador de la Cadena Noticias por Cable CNN Brian Stelter escribió en su boletín denominado Reliable Sources, (Fuentes confiables) sobre la jornada electoral de este domingo.

Durante años, Orbán construyó lo que los analistas describen como una “autocracia informativa”: premió a los propietarios de medios que se alinearon con su partido, castigó a quienes resistieron, transformó la radiodifusión pública en propaganda y utilizó organismos reguladores como armas políticas.

Stelter afirma que Chris Herrmann, del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, había advertido en diciembre pasado que “el panorama mediático húngaro se encuentra en una zona gris, donde los límites del periodismo están marcados por los caprichos del poder regulador.”

El modelo, según Stelter, autor de varios libros sobre medios, fue referencia directa para Donald Trump.

Sin embargo, ese modelo tiene fisuras.

Ivan L. Nagy, de Columbia Journalism Review, señala que la indignación ciudadana ante la corrupción generalizada tuvo mucho que ver con el trabajo incansable de periodistas de investigación que mantuvieron su independencia pese a las presiones.

Esas investigaciones, escribe Nagy, “ayudaron al opositor Péter Magyar a construir una sólida plataforma anticorrupción.”

Eddy Wax, para Euractiv, documenta que sitios web independientes “sacaron a la luz un flujo constante de escándalos” durante la campaña.

El empresario mediático húngaro Martón Kárpáti lo resume con claridad: “Esta campaña demostró la importancia de la libertad de prensa. Si solo hubieras leído medios progubernamentales, no tendrías ni idea de lo que está pasando en el país.”

Hasta aquí los comentarios de Stelter.

La resonancia con México es inevitable.

El gobierno de Morena ha desarrollado una política mediática que guarda similitudes estructurales con el modelo Orbán: medios afines reciben publicidad oficial, contratos y acceso preferencial, mientras el periodismo independiente y crítico enfrenta presión fiscal, exclusión institucional y una narrativa gubernamental que los descalifica sistemáticamente como adversarios políticos.

Las mañaneras, convertidas en el principal escenario de comunicación del poder, funcionaron durante años como ese sustituto de la radiodifusión pública que Orbán diseñó para Hungría.

La pregunta que deja el caso húngaro no es si ese modelo funciona —claramente funciona durante un tiempo— sino si tiene fecha de caducidad.

Anne Applebaum escribió para The Atlantic que “la derrota de Orbán pone fin a la creencia de que todo era inevitable, tan arraigada en el movimiento MAGA.”

Lo mismo podría decirse de ciertos dogmas sobre la invulnerabilidad electoral del populismo latinoamericano.

El periodismo independiente húngaro no derrotó a Orbán solo. Pero construyó el piso de información sin el cual ninguna oposición puede articular un argumento creíble ante los ciudadanos. Esa, quizás, es la lección más directamente exportable a México.

Nota de la redacción.

Este comentario fue elaborado con la asistencia de herramientas de inteligencia artificial.

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