LA SALIDA DE MANUEL MONTENEGRO DEL ORFIS

Comentario editorial.

 

Por Gerardo Fragoso

Tijuana, miércoles 3 de agosto de 2016.

 

 

Mal, muy mal, huele la renuncia de Manuel Montenegro Espinoza a la titularidad del Órgano de Fiscalización Superior del Estado, cuando faltan 60 días para que tome posesión la 22 legislatura del Congreso bajacaliforniano.

Huele a escape, a huída, a fuga… a corrupción.

Todos sabemos que no hay político que renuncie a un ‘hueso’ de esa envergadura, nada más porque si.

Aún aquellos sabedores y entendidos de que no están en el ánimo del parlamento venidero, hacen esfuerzos denodados por quedarse y retener su lugar en la nómina pública. Se niegan a despegar sus labios de la ubre presupuestal.

Más allá de los beneficios pecuniarios de esperar a ser corrido en vez de presentar la dimisión, habitualmente esos movimientos sirven, políticamente hablando, para que el partido que tenía esta posición pueda negociar alguna prebenda a cambio del referido defenestramiento.

¿Acaso Montenegro renunció a todo eso?

Luego, están los antecedentes, malos, en el caso que nos ocupa.

Recordemos que, el 28 de enero de 2014, la diputada local Rosalba López Regalado, en su calidad de presidenta de la comisión de Hacienda y Presupuesto, al interior de la 21 legislatura, presentó una denuncia contra Montenegro.

Entre los ‘milagros’ que le adjudicaba estaban un sobregiro presupuestal superior a los 10 millones de pesos, así como la generación de 20 plazas sin el correspondiente aval del presidente de la mesa directiva en turno, y una indebida ampliación presupuestal que alcanzaba el 30%, autorizada por la 20 legislatura –cuya mayoría era del partido en el que milita Montenegro– en 2013, adicional a otra del 18%, ocurrida al inicio de ese mismo calendario.

La contención en el gasto no era lo de Montenegro. Este reportero dio cuenta, el 26 de marzo de 2015, que el auditor superior le pagaba 233 mil 674.45 pesos anuales a Luisa María Robledo Aguilar, su asistente personal, quien tenía derecho a 60 días de aguinaldo -32 mil 989.33 pesos- y 60% de prima vacacional.

A Montenegro, al parecer, no le parecían suficientemente eficientes ninguna de las 22 secretarias que existían en el Orfis y, por ello, se dio el ‘pequeño lujo’ de contratar a Robledo, con salario y prestaciones de estrella… pagados por todos nosotros, los ciudadanos.

No fue todo. El 4 de marzo de este año, Montenegro presentó por vez primera su renuncia. Ya estaba sentado en su silla, por normativa, el sub auditor Carlos Padilla Villavicencio. Sin embargo, sorpresivamente, regresó a los dos días, entre abundantes especulaciones.

En aquel momento, la periodista Dora Elena Cortés indicó que, a los empleados del Orfis, se les pidió cooperación, no precisamente voluntaria, para hacer una fiesta para despedir a Montenegro (http://www.afntijuana.info/afn_politico/53542_renuncia_montenegro_al_orfis).

Y ya todo parecía pintar feliz para Montenegro, pues, a inicios de mayo, se fue de paseo a Cancún, con cargo al erario, para ser nombrado tesorero de la Asociación Nacional de Organismos de Fiscalización Superior y Control Gubernamental (Asofis).

Las elecciones, sin embargo, parecieron borrar la sonrisa de la cara de Montenegro.

Con 13 diputados panistas a unas semanas de tomar posesión, Montenegro pareció aplicar aquello de “aquí corrió y no aquí quedó”.

En su día, el nombramiento de Montenegro –quien duró mil 595 días al frente del Orfis–, fue ampliamente resistido por el panismo, desde donde siempre se criticaron las formas y los fondos para destituir a su predecesor, Arturo González Luna.

Y es que Montenegro, como Arnulfo De León Lavenant, fue una de las piezas colocadas en posiciones claves por Fernando Jorge Castro Trenti, en su plan para controlar el estado antes de gobernarlo, lo que finalmente no ocurrió.

No hay razón para que Montenegro no hubiera aguardado la llegada de la 22 legislatura, pues era de elemental responsabilidad administrativa y ética que esperara a que los diputados panistas escrutaran su labor y le diesen salida, ya sea por la puerta del frente o hacia la Procuraduría General de Justicia del Estado (PGJE), si es que tuviera que responder por algo.

Con su dimisión, ahonda las sospechas en el sentido de que su labor al frente del Orfis fue insana.

Habida cuenta de lo ocurrido en este caso, y ya sea que Montenegro termine en Vanuatu o ante un juez, sería deseable que los nuevos diputados locales aprueben, cuanto antes, la propuesta que deslizó en campaña su compañera electa, Victoria Bentley Duarte, para asegurar que el nuevo auditor esté limpio.

Baja California ya no necesita, ni merece, otros Montenegros.

REAL POLITIK: El ex delegado aventaja en carrera. Es bien conocido por los ‘mirreyes’ que ahora parten el queso.

Comentarios: gerfragoso@gmail.com

Twitter: @gerardofragosom

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