MUERTE CEREBRAL

Comentario editorial
Colaboracion especial de Miguel Cervantes

Por Miguel Cervantes Sahagun
Tijuana, 21 marzo de 2010

Cuando portales en línea empezaron a difundir la muerte del ex gobernador Roberto de la Madrid Romandía, salió también a la luz algo peculiar: La desmemoria.

Las imprecisiones de como o en donde murió abundaron, pero en el transcurso del día los medios de difusión fueron corrigiendo.

Sin embargo persistió en algunos comunicadores seguir engañando a los lectores, bajo la primicia de que es una falta de respeto hablar de una persona que acaba de morir.

Pero es peor mentir y torcer los hechos.

No hay peor periodista sin memoria, callado, desinformado o que no informe la verdad.

Al anunciar la muerte de Roberto de la Madrid hubo precisamente eso; periodistas desmemoriados, aquellos que callaron, otros que desinformaron y los que al no apegarse a la verdad desgarraron sus prendas al ver que, por ejemplo, el periódico Frontera publicó la entrevista con su columnista Benedicto Ruiz en el sentido de que el ex gobernador se caracterizó por su nepotismo.

En realidad, se quedó corto.

Yo como único ejerciente periodista que perteneció al original grupo de comunicadores del periódico ABC dirigido del 10 de enero de 1977 al 2 de noviembre de 1979 por Jesús Blancornelas me siento obligado a recordarles a quienes verdaderamente no conocieron esa historia, lo represivo que fue la administración de Roberto de la Madrid.

Fue una represión típica de esos gobiernos totalitarios que hasta los nuevos priistas luchan por evitar que regresen. Una represión que no se vio durante el gobierno de Milton Castellanos Everardo, Xicoténcatl Leyva Mortera (a pesar de que en 1988 asesinaron a Héctor «Gato» Félix, pues este gobernante se apresuró a judicialmente a señalar al Hipódromo de Jorge Hank Rhon, donde salió el asesino), Oscar Baylón Chacón o los sucesivos gobernantes panistas.

A lo largo de seis años Roberto de la Madrid encabezó acciones tan aberrantes que no terminaría de enumerarlas.

Le atribuyen haber emprendido una obra que fue federal: la canalización de la primera y segunda etapa de la Zona del Río. Ese proyecto llevaba un retraso de una década por malas administraciones que realizó su amigo José López Portillo cuando estuvo al frente de la Junta Federal de Mejoras Materiales en el Distrito Federal mientras que De la Madrid fue delegado en Tijuana y por lo cual tuvo que refugiarse en Estados Unidos para que López Portillo evitara caer en la cárcel. Luis Echeverría empujó el proyecto pues era impostergable.

En Mexicali había el proyecto de instalar una enorme estatua de Lázaro Cárdenas en la importante avenida. Pero Roberto quiso poner su sello personal y familiar al ordenar que los rostros de sus hijos Roberto y Laura fueran de los jóvenes que están a los pies del ex presidente. La indignación de los mexicalenses fue mucha, pero solo lo suficiente para que se ordenara la modificación de la nariz y cejas de los rostros de bronce.

La ubicación de decenas de familiares en puestos de su gobierno, encabezados por el entonces Procurador de Justicia Alejandro Rosas Romandia fue algo por lo que su administración fue famosa. La lista rebasó los cien parientes.

La represión a colonos en la II Etapa de la Zona del Río fue una constante, hasta que las intensas lluvias de 1980 le ayudaron a que autorizara la apertura de compuertas para la inundación de esa zona donde murió toda una familia y miles perdieron sus escasas pertenencias.

Otros abusos fue el adquirir varios aviones para su uso personal y de su familia y el gastar millones de pesos en anteproyectos como la continuación de el Trolley de San Diego a Tijuana, Ensenada y Tecate sin que hubiera recursos para hacerlo realidad.

Pero fue el cierre y la persecución de periodistas del diario ABC lo que le distinguió a nivel nacional e internacional.

Junto con su hermano Francisco de la Madrid moldearon un problema laboral a través de un publicista para crear una huelga en la que empleó alrededor de 200 choferes de la CTM para ingresar a las instalaciones del periódico entonces ubicadas en la Calle Jalisco y Agua Caliente para sacar a los 7 periodistas que estaban aun adentro.

La acción contra ABC continuó en Zeta cuando Francisco de la Madrid ordenó la confiscación de dos ediciones completas del semanario en la garita de ingreso a Tijuana en 1982 y varios intentos después.

El rencor de Jesús Blancornelas contra los hermanos De la Madrid persistió hasta su muerte, pero se reflejó el 21 de abril de 1988 cuando Francisco llegó al semanario Zeta a ofrecer sus condolencias por la muerte de Héctor Félix Miranda.

Blancornelas no quiso recibirlo y ordenó se retirara de las oficinas.

Todos estos hechos fueron de conocimiento público y de peso porque afectaron a la sociedad.

No recordarlos, ignorarlos, omitirlos o torcerlos es darle la oportunidad a que se repitan.

Miguel Cervantes Sahagún

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